Meditaciones acerca del camino hacia la libertad

Parte 1 de 3 entregas.

REVISTA 1

Martin Slane

“De acciones de libertad y de no libertad se compone nuestra vida.

Pero no podemos pensar el concepto del hombre hasta sus últimas

consecuencias sin llegar al espíritu libre como la expresión más pura

de la naturaleza humana. Somos en verdad seres humanos en

la medida en que somos libres.”

Rudolf Steiner

“La libertad positiva, como realización del yo, implica la afirmación plena

del carácter único del individuo.”

Erich Fromm

“La tiranía de la lógica comienza con la sumisión de la mente a la lógica

como un proceso inacabable en el que el hombre se apoya para engendrar

sus pensamientos. Mediante esta sumisión entrega su libertad íntima como

entrega su libertad de movimientos cuando se inclina ante una tiranía externa.”

Hannah Arendt

“El tribalismo es por lejos la idea más antigua, natural, insidiosa, y más fuerte que la de ciudadanía no racial"

Victor Davis Hanson

Las meditaciones acerca del camino hacia la libertad son un intento de alcanzar unas imágenes lo suficientemente abarcadoras que nos ayuden a comprender la idea de la libertad vista en múltiples facetas. Son una forma de apreciar la idea para que esta no se transforme en un concepto abstracto sin vida, y portan en sí́ mismas el propósito y la invitación a que las imágenes así́ logradas sirvan de orientación para la travesía hacia la libertad, un camino siempre íntimamente personal sin mapas ni dirección estándares, pero paradójicamente con dirección y estructura propia a descubrir. Un sendero que implica tanto un alto grado de independencia, autonomía y soledad, como así́ también “el hecho de que los hombres no pueden vivir si carecen de formas de mutua cooperación”. ¿Podríamos siquiera imaginar hablar de libertad sin sentido de responsabilidad en relación con los otros seres humanos y sin cooperación social recíproca?

Asimismo, considero que los temas abordados en estas meditaciones son extremadamente importantes en nuestros dı́as.6 Son el producto inacabado de una tarea de varios años de reflexión a partir de un móvil y necesidades personales; es un proceso basado en una observación de los fenómenos individuales, sociales y mundiales lo más consciente y amplia posible. A pesar de que cada período histórico porta en sí́ mismo una peculiaridad y complejidad que lo caracteriza y acarrea obstáculos a resolver, considero que este es un tiempo en el cual retorna de una forma mucho más sutil el ataque a la libertad y dignidad del ser humano. ¿Habremos creído que las atrocidades y genocidios de las dos guerras mundiales del siglo XX y otros sucesos del mismo siglo y del actual agotaron de una vez y para siempre el problema de las tiranías y totalitarismos, que valoraríamos la libertad alcanzada y la defenderíamos a toda costa?

Por otro lado, imagino que acordamos, como parte del punto de partida de estas meditaciones, que a partir del siglo XV nos encontramos en Occidente en un tiempo cultural-histórico-evolutivo que la academia tradicional llama Modernidad y la Antroposofía denomina época del Alma Consciente, tiempo a partir del cual empezamos a ver los albores, los primeros destellos de lo que hoy imaginamos como libertad. Esta época cultural tuvo su nacimiento en Europa central de la mano del Renacimiento y la Reforma, a diferencia de la época anterior cuyo epicentro fue la cultura y el territorio greco-romano en sus orígenes; los nuevos impulsos en los campos del arte, la ciencia y la religión atestiguan el nacimiento de una nueva consciencia en esta región. Es el tiempo de despliegue del arquetipo del ser humano, esto es, aquél que a través de su pensar autónomo investiga tanto los fenómenos naturales, sociales y materiales como también se piensa a sí mismo. Había caducado el tiempo del principio de autoridad que indicaba qué había que pensar y cómo. La creciente autonomía e independencia en su pensar, sentir y acción condujo al ser humano a nuevos y lejanos horizontes, su mirada se expandió́ más allá del mundo conocido hasta entonces. Es el tiempo del despliegue de la autoconsciencia con todo lo que esto significa. En este período el ser humano empieza a experimentar que es una personalidad libre, cuyo centro de consciencia se implanta en el cuerpo físico, centro desde el cual se eleva e irradia dicha personalidad. Es la primera vez en la historia de la evolución del ser humano que esto es posible.

Sin embargo, su florecimiento no sólo fue en Europa central en relación a la región europea de origen. Más adelante veremos acontecimientos culturales y políticos que apuntan también principalmente a Inglaterra y en un grado menor a Francia. El impulso que ha dado lugar a lo que hoy llamamos Occidente ha nacido en la Europa centro-occidental e implica necesariamente la conquista progresiva de la libertad individual en contraste con la época cultural anterior, ya que “lo que caracteriza la sociedad medieval, en contraste con la moderna, es la ausencia de libertad individual”. Un nuevo desafío se avizoraba en el umbral de la consciencia humana.

Como consecuencia del cambio de la dirección de los vientos de esta época con respecto a la anterior, el ser humano se encuentra con una nueva forma anímica de habitar el mundo a través de su pensar, sentir y su voluntad. Este progresivo despliegue de independencia, individualidad y personalidad libre fue arrancándolo de una modalidad de vida que fue estable durante muchos siglos, donde la vida cotidiana discurría entre la estabilidad laboral y de oficio sin aquello que hoy denominamos movilidad social -el campesino, el artesano y el comerciante mantenían sus actividades de por vida- siempre bajo el paraguas de protección de un rey o señor feudal como garantes de la regularidad cotidiana y protección. Era un mundo sentido como seguro, donde la identidad de cada individuo estaba dada y asegurada por pertenecer a una determinada familia, región, feudo o reino.

Entonces, a partir de este punto de vista, ¿podemos imaginar cómo se ha dado el pasaje de un estado a otro de consciencia de una época cultural a la siguiente?, ¿tuvo el impulso anímico-espiritual hacia la libertad alguna contracara?

En el prefacio de su libro El miedo a la libertad, Erich Fromm propone como tesis de su obra “que el hombre moderno, liberado de los lazos de la sociedad pre-individualista -lazos que a la vez lo limitaban y le otorgaban seguridad-, no ha ganado la libertad en el sentido positivo de la realización de su ser individual, esto es, la expresión de su potencialidad intelectual, emocional y sensitiva. Aun cuando la libertad le ha proporcionado independencia y racionalidad, lo ha aislado y, por lo tanto, lo ha tornado ansioso e impotente".

La expresión de la libertad no ha sido ni es un camino lineal y unilateral. Se había establecido así la tensión entre la identidad por pertenencia y la individualidad libre, el campo de batalla donde el individuo moderno se dirimía entre la seguridad brindada por pertenecer a una determinada familia o lugar de origen y el llamado a descubrir su destino allende la frontera. La batalla entre la pertenencia y la autoconsciencia subjetiva continúa hasta el día de hoy.

Es por eso que Erich Fromm propone observar el fenómeno de la libertad a través de dos cristales diferentes sólo coloreados con dos preposiciones distintas: el de la libertad de y la libertad para, siendo el primero la libertad en el sentido de independencia respecto a la familia, pueblo, naturaleza y cultura de origen, la que porta en su semilla los rasgos anímicos del miedo, la ansiedad y la duda entre otros, a causa del alejamiento del ser humano del mundo conocido, seguro y estable, mientras que el último es la libertad entendida como el lanzarnos a la aventura creativa de la vida cumpliendo nuestras metas en el proceso de despliegue personal junto a otros aventureros a partir de una personalidad integrada más allá del mundo conocido, una travesía a terra incognita. ¿No ha sido la “libertad para” el impulso rector de valientes individuos en busca de su destino como Galileo, Giordano Bruno, Copérnico y Tycho Brahe entre otros tantos pioneros en las ciencias, el arte y aquellos que desearon llegar a conocer y explorar hasta los mismos confines del mundo?

Por lo tanto, estimado lector, ¿ya has descubierto algo en ti respecto a esta discriminación entre libertad de y libertad para?, ¿han resonado las campanas de esta particular mirada acercade la libertad en la intimidad de tu alma y te han traído alguna noticia?

“La nueva libertad está destinada a crear un sentimiento profundo de inseguridad, de impotencia, de duda, de soledad y de angustia.”

Hemos sido nuevamente arrojados casi desnudos al mundo sólo portando un taparrabos confeccionado con hojas de higuera. La realización del ser individual, la expresión de la potencialidad intelectual, sentimental y volitiva del ser humano portaba en sí misma el germen de la angustia, la ansiedad, la duda y la soledad. La nueva libertad exigía un precio a pagar, implicaba un costo que aún hoy muchas veces somos renuentes de afrontar y un coraje que pocas veces somos capaces de asumir.

Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron entre ambos los ojos, y se dieron cuenta que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores. Gn 3, 6-713

Y así, como era de esperarse, la nueva libertad en su aspecto negativo -la libertad de- fue fecundando el carácter de los individuos, término que es entendido por la psicología analítica como “la forma específica impresa a la energía humana por la adaptación dinámica de las necesidades de los hombres a los modos de existencia peculiares de una sociedad determinada”. Por lo tanto, la impotencia, la inseguridad, la duda, la soledad y la angustia fueron también conformando este carácter e impregnaron hasta el día de hoy y hacia el futuro las funciones anímicas del pensar, la vida del sentir y la voluntad, en su vínculo dinámico con uno mismo, con otros seres humanos y con el mundo. La semilla de la nueva libertad así plantada ya había echado sus raíces en la estructura del carácter y empezaba a dar sus primeros frutos, incluidos especialmente los no deseados.

No obstante el carácter único de cada individuo que observamos en los vínculos sociales, la modalidad básica de la nueva libertad cuya contracara es la angustia, la ansiedad, la soledad y otros rasgos anímicos que dificultan el encuentro con el destino personal y colectivo, no sólo era propiedad de algunas personas sino la esencia de lo que el autor denominó carácter social, aquella parte de la estructura del carácter individual que es común a la mayoría de las personas, ya que siempre hay excepciones aunque a veces no lo parezca.

El carácter social, por el contrario, comprende tan sólo una selección de tales rasgos, a saber: el núcleo esencial de la estructura del carácter de la mayoría de los miembros de un grupo; núcleo que se ha desarrollado como resultado de las experiencias básicas y los modos de vida comunes del mismo grupo.

Y aquí nos encontramos con algo de suma importancia: en la misma esencia del carácter social vive una disposición anímica que emerge en el momento de desplegar las velas para navegar hacia la libertad para encontrarnos con nuestro destino, esto es, la disposición a la duda y el miedo, dos fuerzas primordiales que ni siquiera nos permiten zarpar, nos devuelven al hogar, a la pertenencia, a la tribu, a la repetición de los patrones cotidianos faltos de sentido y autenticidad. En vez de una travesía a toda marcha al próximo puerto nos contentamos con abonar vínculos de dependencia mutua, aquellos que no permiten un verdadero despliegue de nuestra personalidad.

Desde el punto de vista anímico, la poderosa fuerza de la libertad negativa es un impulso que nos lleva firme y consistentemente hacia las lejanías del pasado, es una regresión imaginaria a estadios simbióticos o dependientes con nuestros vínculos primarios, donde en el mejor de los casos fuimos protegidos, nutridos, provistos de lo necesario y se nos facilitaron los procesos para devenir humanos. Es un impulso que nos impele a buscar la seguridad y la estabilidad emocional que nos serene y cobije ante la incertidumbre de la vida. Si aún hoy es tan difícil alcanzar la libertad en su sentido positivo, ¿podemos imaginar el enorme desafío que han tenido los seres humanos de aquel tiempo en el que “el individuo fue dejado solo (;) (y)todo dependía de su propio esfuerzo y no de la seguridad de su posición tradicional”?

Entonces aquí la pregunta sería: ¿dónde podemos ver reflejadas en la actualidad estas tendencias anímicas simbiótico-dependientes mencionadas hacia la edad adulta? La respuesta es clara. Son muy fáciles de encontrar en nuestros vínculos con alguna institución, en el matrimonio, en el trabajo y en las relaciones humanas, y se expresan en los vínculos asfixiantes, en las conductas manipuladoras, en la tendencia al control, en el ensueño que nos arrebata de las coordenadas de la realidad, en la desconfianza, en los oportunismos, en la violencia. Y aún más, esto nos conduce inevitablemente a someternos a alguna autoridad, en una época cultural en la que se esperaría que cada uno vaya convirtiéndose hacia la edad adulta en su propia autoridad. Más adelante profundizaremos este tema.

Hemos visto que el hombre no puede soportar la libertad negativa; que trata de evadirse hacia nuevos lazos destinados a sustituir los vínculos primarios que ha abandonado. Pero estos nuevos lazos no representan una unión real con el mundo. Tiene que pagar la seguridad recién adquirida, despojándose de la integridad de su yo.

Estimado lector, ¿no consideras que la búsqueda constante de refugio es un alto precio a pagar?, ¿acaso no percibes en ti un fuerte agotamiento vital cuando estableces vínculos de dependencia? Al permitir que esto suceda, ¿acaso no nos estamos aniñando?

Mientras que la poderosa fuerza de la libertad negativa recrea los vínculos del pasado, o en otros casos lleva a la parálisis o a la huida de la tarea a realizar, la libertad positiva nos impulsa hacia el futuro, conduce a la realización de los objetivos personales y facilita el camino hacia nuestra individuación, hacia el florecimiento de nuestra personalidad, hacia el fortalecimiento de nuestro yo. Aunque suena muy fácil decir esto, no significa sin embargo que no nos encontremos en el camino con el miedo, la duda, la angustia y la soledad, sino que actuaremos a pesar de ellos, y eventualmente, con el correr de los años, ya no serán nuestros compañeros de viaje. Llegarán a transformarse en un simple murmullo distorsionado de una vivencia anímica que se ha desvanecido.

Si llamamos yo al todo organizado e integrado de la personalidad, podemos afirmar que un aspecto del proceso del aumento de la individuación consiste en el crecimiento de la fuerza del yo.

Hasta aquí hemos tratado de dar las primeras pinceladas que esbozan someramente aspectos de la libertad en la época del alma consciente desde su nacimiento hasta nuestros días, junto con sus reflejos en la estructura del carácter tanto individual como social, así como también en su relación con la individuación y el yo. Sin embargo, debemos continuar el viaje de estas meditaciones y observar el fenómeno desde un punto de vista más amplio, que nos dé una nueva perspectiva para enriquecer nuestra contemplación. ¿Ha colaborado esta “nueva” libertad a favorecer alguna forma social de estar en el mundo que refleje este aspecto definido del carácter social en sus dos vertientes, las tendencias implícitas en la libertad de y en la libertad para? A esta pregunta debemos responder por sí. Es por eso que con el correr del tiempo, la tensión entre identidad por pertenencia e individualidad libre – que de alguna forma la podemos ver reflejada en la libertad de y la libertad para- observada tanto en el carácter individual como social, va a dar lugar en el aspecto socio-político a la tensión entre tribalismo y ciudadanía, entre otras formas.

Martin Slane

Clinical psychologist graduated from Universidad de Buenos Aires and International Certification as Anthroposofic Psychotherapist.Trained in Psychoanalysis and Jungian psychology. His studies include body work, non-ordinary states of consciousness, holotropic breathwork and Jungian’s dream analysis workshops. Present faculty member and former board member of AAPsiA - El Crisol, Argentinean Association of Anthroposophic Psychologists. Teacher, lecturer and researcher on anthroposophy, humanistic astrology, astrosophy and Christian hermetic astrology. His activities are carried out in seminars and workshops in Argentina, Chile and Mexico. Teacher of Introduction to Anthroposophy, of new paradigms at the seminar Crisis of paradigms and the evolution of human consciousness and facilitator of Circles of dialog at Fundación Columbia in Buenos Aires. Co-founder member of Red Antares, dedicated to research about the paradigm shift and the expansion of consciousness. Faculty member and teacher of the anthroposophic joint training for doctors and psychologists.

Bibliografía

Steiner, Rudolf, La Filosofía de la libertad, Elementos de una cosmovisión moderna, ECE, Editorial Cientı́4ico-Espiritual de la obra de Rudolf Steiner, 2015, Buenos Aires, Argentina, p. 139. Enfasis del propio autor.

Fromm, Erich, El miedo a la libertad, Paidós, Buenos Aires, Argentina, 21a reimpresión, 1986, p. 252.

Arendt, Hannah, Los orígenes del totalitarismo, Alianza Editorial, Madrid, España, 14a reimpresión, 2020, p. 633.

Hanson, Victor Davis, The Dying Citizen, Basic Books, New York, 2021, p. 100.

Steiner, Rudolf, La ciencia oculta, un bosquejo, Antroposófica, primera edición, Buenos Aires,2007. GA 13; From Symptom to Reality in Modern History, Rudolf Steiner Press, Hillside House, The Square, ForestRow, Sussex, GB, 2015, GA 185;

Slane, Martı́n, Los zodíacos sideral y tropical en la evolución de la consciencia, https://www.academia.edu/37851704/Los_zodiacos_sideral_y_tropical_en_la_evolución_de_la_consciencia y El hombre sin hogar https://www.academia.edu/43409774/El_hombre_sin_hogar

Slane, Martín, Los zodíacos sideral y tropical en la evolución de la consciencia.

Las citas bíblicas son tomadas de la Biblia de Jerusalén, Editorial Desclée de Brouwer, Bruxelles, 1967.

Nota editorial: Este texto se ofrece en tres momentos de lectura, respetando su ritmo interno. Presentamos aquí la primera parte.

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