Entrevista a Miguel Fernandez

Antroposofía en Argentina contada por sus protagonistas

REVISTA 1

Maria Viti

5 feb 2026, 17:29

Es una mañana de verano, Miguel llega puntual y me invita a pasar a su consultorio en el Therapeuticum, Buenos Aires. Relajado, sonriente, acepta hablar de todo. Aporta serenidad.  Quita tensión a mi primera entrevista para este maravilloso proyecto que abrazamos desde el impulso.

Sé que sos Médico pediatra, Especialista en alergia, Medico Antroposófico.

Si estas delante de alguien que no te conoce, ¿cómo te presentas?

A esta altura del partido, no sé, como un ser humano. Lo otro es una camisa más, una camisa menos. 

¿Alguna vez te viste de chico como el doctor?

No. Y te cuento más. Yo hasta los 16 años iba a estudiar física nuclear.

En aquella época era lo nuevo. A los 17, un poco por rebeldía a mi entorno familiar, decidí estudiar medicina.

Miguel viene de una familia de inmigrantes gallegos, antifranquistas, que vinieron a la Argentina sin recursos con la mentalidad de trabajar y vivir dignamente. Empezó a trabajar a los 12ª en un almacén y a los 17ª le plantearon la disyuntiva de seguir trabajando y hacerse cargo del negocio familiar o ir a estudiar. Ya había hecho el secundario mientras estudiaba y tomo la decisión de pagarse la universidad privada para poder entrar en Medicina sin tener que rendir equivalencias. Entró a la Universidad del Salvador.

En segundo año, en la época de Cámpora, pudo pasarse a la UBA con una base de formación más sólida y terminar la carrera.

Hizo la unidad Hospitalaria en el Durán. Desde tercer año ya hacía guardias en el hospital de Merlo como practicante, cursó obstetricia en la maternidad Santa Rosa y se pudo quedar en la guardia de neonatología y aprender a recibir a recién nacidos y también a hacer partos. Cuando se recibió, pudo ingresar en el servicio de pediatría del Hospital Rivadavia, donde a los dos años pudo acceder al cargo de guardia y planta, completar y tener la especialidad en 6 años (“siempre le tuve más paciencia a los niños que a los adultos”) Luego renuncia al cargo para ingresar al servicio de Alergia del mismo hospital como concurrente y hacer la especialidad en los siguientes seis años; esos doce años de formación fueron de trabajo muy intenso, ya estaba casado y con dos hijos (hospital, guardia, cursos, congresos, consultorio privado y tratar de ver a la familia)

Puse el consultorio en mi casa a los 4 años de recibido, mi esposa me ayudaba con el teléfono y los turnos, en aquella época no había celulares, también hacía domicilios para dos prepagas con un radiollamada. Dormía con el teléfono fijo en la mesa de luz. Con los años atendí todas las tardes de lunes a viernes como pediatra de barrio, y de a poco como alergista, todas la obras sociales y prepagas. Recién después de más de 10 años pude mudar el consultorio de mi casa. Para esa época ya había nacido mi tercera hija y mi esposa ya no podía ayudarme, tuve que poner secretaria. 

Con los años llegaron las dudas, después de años de ejercer como médico sentía que faltaba algo, algo que no me enseñaron o no logré aprender en mi formación hasta ese momento; empezaba a observar que la mejoría de muchos pacientes no se relacionaba al tratamiento medicamentoso, sino tal vez al vínculo o la confianza, ver cómo un niño que había estado con una crisis de asma severa durante un día entero empiece a mejorar en la sala de espera, o al empezar a revisarlo; o dolores difusos de días de evolución que empiezan a mejorar luego de la consulta, y a veces sin tratamiento; allí empieza mi búsqueda. Hasta ese momento no había tenido contacto con ninguna medicina complementaria ni alternativa y descreía de ellas con casi ya 20 años de profesión. En 1999 me llama Mabel Millor, que había sido mi primera secretaria, que en esa época estaba viviendo en Capilla del Monte y tenía un programa de radio.  Venía a Buenos Aires a ver a un médico que ya le había hecho una entrevista telefónica y quería que yo lo conociera. Es un médico antroposófico, me dijo…… ¿Antropo qué? Fue mi respuesta. ¡Y la antroposofía me encontró a mi!

El médico antroposófico era Roberto Crottogini, que ya tenía con Amalia Altobelli el Proyecto Hermes. *

En el 99 ya entré en Hermes, que tenía su sede en la calle Suipacha, en microcentro, donde había consultorios médicos y hacían ateneos una vez por semana, era una medicina que empezaba a interesarme.

El ateneo de los viernes que hoy funciona en el Therapeuticum, surgió en esa época. Del año 2000 al 2002 completé el curso de formación de AMAA. En ese momento, estaban como docentes Néstor Manasi, Roberto Crottogini, Santillán padre, Patricia Farese, entre otros


*El Proyecto Hermes es un grupo humano que se ha unido para trabajar juntos en la difusión de los altos ideales de la Ciencia del Espíritu. Fue creado el 30 de marzo de 1998. Está destinado a colaborar en la transformación de la conciencia humana en esta etapa de su evolución. Para cumplir tal propósito se utilizan tres herramientas básicas: la Docencia, la Asistencia y la Investigación antroposófica, reconociendo a la Antroposofía como "un sendero de conocimiento capaz de conducir lo espiritual en el hombre a lo espiritual en el Universo". (Rudolf Steiner)

En mi consultorio, a partir de 2004 o 2005, en el que ya atendía casi todos los prepagos, empecé a incorporar los conocimientos antroposóficos y a indicar sus tratamientos con los pacientes que veía más permeables y dispuestos a cambiar . Y empecé a atender en el Therapeuticum en 2005. De a poco fui transformando mi atención a lo que es hoy

¿Te cambió el contacto con la Antroposofía, a nivel personal?

Sí, sí, fundamental, en lo que vas resonando, hace que vos hagas un cambio en tu interior también y es lo que vas haciendo de tu vida. Mi familia se mantuvo bastante al margen al principio, pero con los años la fueron incorporando como la medicina para ellos también

¿Como ves la antroposofía hoy en Argentina?

Yo creo que ahora empieza a florecer en el sentido de que hay mucha más gente joven involucrada. Hubo una época en la que eran unas pocas individualidades fuertes que tenían los conocimientos, y con los años se fue abriendo a mucha más gente, y… yo creo que la antroposofía tiene dos peligros, ¿sí? Tomarlo como un dogma y el otro que la personalidad no te tome en el sentido de: Ah bueno esta es la verdad y yo la entendí así. Y la verdad es... inabarcable. Entonces uno puede entender algo y es su verdad y hasta ahí.

¿Qué le aconsejarías a un médico que está empezando a vincularse con la Antroposofía?

Que tiene que dejarse llevar por los conocimientos que van adquiriendo y que deje que actúen. Inicialmente me sedujo de la antroposofía una frase de Steiner: No creas lo que digo, sino piénsalo…; y agregaría otra que siempre insistió: Para conocer el mundo primero conócete a ti mismo.

Yo siento que necesito como nutriente seguir aprendiendo, el ateneo es muy importante. Antes traíamos casos clínicos y era un espacio donde el hecho de mover un paciente en un ateneo mágicamente el paciente empezaba a mejorar sin hacer ningún cambio, como que va generando una... una atmósfera de atención que va más allá de lo físico.


A partir del 2010 se involucró mucho más con la medicina antroposofía y desde 2012 organizó y coordinó desde la AMAA las primeras cinco Jornadas Médicas Antroposóficas, a las que venían profesionales de todo el país.

Eduardo Dipaolo, presidente de AMAA me dice: ¿te animás a hacer una jornada médica a ver si juntamos gente que venga del interior para vernos las caras y conocernos mejor? En esa época era mucho más fácil que ahora, venía gente Córdoba, de Rosario, del Sur, de todo el interior, y no existía el Zoom

Al año siguiente empezaron en Argentina los IPMT. La sexta jornada la armó la Dra. Alicia Santariestra con ayuda de Miguel Fernández.

En 2018, fue el Congreso de Medicina Antroposófica, en el Auditorio Belgrano con invitados de Dornach, gente de Chile, Uruguay y alta participación.

“Yo ya estaba dentro de la comisión directiva de esa gestión de AMAA que estaba Sergio Grines como presidente y no me sumé a participar en la organización porque mi esposa ya había empezado con problemas de salud importantes y preferí estar más en casa”


¿Podrías resumir tu camino en la antroposofía?

Fue un hito que reorientó mi vida y que me salvó de muchas cosas, fue un camino salutogénico, si no hubiera estado en la antroposofía no sé si estaría vivo, primero, por mis achaques físicos, tenía todas las taras metabólicas posibles y ya habían empezado a minar mi salud, y hoy me puedo dar el lujo de decir: me siento sano y no tomo remedios alopáticos, logrando hábitos saludables (físicos y mentales) porque fui poniendo en práctica el conócete a ti mismo… empieza por ahí. En cuanto a lo profesional me dio las herramientas para practicar una medicina integral que me brinda muchas satisfacciones pudiendo ayudar a los demás. En cuanto a lo espiritual me dio un camino, un método de crecimiento de dimensiones ilimitadas


Maria Viti

Médica Otorrinolaringóloga (UBA)

Médica Ayurveda (Maimónides)

Cursando el Troncal 3 AMAA

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