Pentecostés: La fiesta del Dios de la Proporción o del volverse como niños
REVISTA 2
Nahuel Di Stefano Villalba
El hombre de la antigüedad, debido a la clarividencia natural que aún poseía, tenía una experiencia mucho más compleja del mundo de la que tenemos nosotros hoy día. Por esto se servía de un lenguaje mucho más articulado para expresarse con exactitud en ese mundo complejo que habitaba. La simplificación de las impresiones vitales, anímicas y espirituales que significó la pérdida gradual de la clarividencia atávica, provocó con el tiempo a su vez una simplificación del lenguaje. Entre otras cosas, podemos ver este fenómeno concretamente en la disminución de casos gramaticales marcados morfológicamente que sufren las lenguas a lo largo del tiempo. El hombre de la antigüedad jamás hubiese podido preguntarse por el sentido de una palabra, porque fonética y semántica eran una sola. En la antigüedad quién conocía cómo pronunciar una palabra, conocía inmediatamente también su significado. Todo esto pareciera algo lejano y ajeno, pero en realidad no hace falta remontarse hasta la antigüedad o al esoterismo para encontrar fenómenos que atestiguan todo esto: ¡Así aprenden a hablar los niños aún hoy día! En el niño aún se da de manera natural la santa comunión de semántica y fonética.
Hablar del significado de las palabras es un sin sentido para un inocente niño pequeño; y que ciertas palabras cambien con el tiempo radicalmente su significado solo puede comprenderse como síntoma de la pérdida de la clarividencia atávica, pues con ella se percibía al hablar inmediatamente la fuerza inmanente de los fonemas. Sin tal pérdida, no hubiese sido posible el desarrollo de algo esencial para conquistar la libertad: el pensar en sus cualidades abstractas, analíticas y especulativas, pues sin la nada, el no ser y su hermana la mentira no es posible una plena libertad, pero esto es el contenido de las fiestas cristianas de la Separación, como la Pasión, y no de aquella que anuncia el título de este artículo y a la cual queremos aproximarnos. La religión puede comprenderse como el camino hacia la reunificación de fonética y semántica; hacia habitar nuestro hablar; hacia compenetrar las palabras con el sentido de su voluntad; hacia el volver a ser cómo niños, luego del tránsito por los áridos paisajes del vacío.
Y no solo la comunión se da de manera natural en un niño, también la transubstanciación: un niño jugando puede vencer dragones, resolver las trampas más difíciles, curar las peores heridas, y hasta sacrificar su vida por el amigo fiel, y todo esto lo hace con un nivel de presencia espiritual y compenetración anímica capaz de convertir una cama en un barco, un palo en una espada, un amigo flacucho y enclenque en un gran caballero. Nosotros admiramos a los niños y nos alegramos de sus juegos. También nos dejamos inspirar por ellos, aunque sabemos: un abismo que pareciera insalvable se abre entre nosotros y los paisajes inocentes de la infancia. Muchos adultos, pero sobre todo los jóvenes que acaban de abandonar este paisaje soleado, sienten un gran dolor ante la certeza de esta ruptura.
Si entendemos la gracia como la grandiosa complementación divina que recibimos en todos los ámbitos en los que aún no somos nosotros mismos, o hacemos por nosotros mismos, entonces podemos también comprender por qué la comunión y transubstanciación se dan de manera natural en los niños: porque están literalmente colmados de la enorme gracia divina. Los adultos en cambio, están casi vacíos de la misma. El crecimiento individual de la persona es proporcional a la pérdida de su gracia: en principio crecer es hacernos cada vez más feos. "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos" ¿Cómo lo hacemos? ¿Existe en alguna parte una escuela para "volverse como niños"? ¿Una escuela "al revés" donde se enseña a jugar y dónde se recupera el poder de convertir cinco panes y dos pescados en alimento para cinco mil hombres? Sí, en lenguaje cristiano se llama Sacramento, y se puede comprender como la búsqueda consciente de la re-complementación por la Gracia. Se ve claramente en la persignación: la pequeña persona adulta tripartita, con sus pequeños pensar, sentir y voluntad busca ser agraciada renovadamente con la fuerza de la Trinidad que tuvo en su infancia, cuando sin querer, es decir, por la gran proporción de Gracia divina que lo colmaba, pensaba lo que debía ser pensado, sentía lo que debía ser sentido y hacía lo que debía ser hecho para la sanación de su entorno. El Dios Padre puede comprenderse como el Dios del Ser, de lo sustancial. El Dios Hijo puede comprenderse como el Dios de la Vida, de lo procesual. Y el Espíritu Santo como el Dios de la Proporción, de lo relacional. Pentecostés es la fiesta cristiana del Dios de la Proporción, y en qué proporción es en la que queremos trabajar ya debería estar claro: la proporción de Gracia.
Quizás alguno de ustedes haya tenido la posibilidad de ver niños pequeños de diferentes lenguas maternas jugando entre sí, o incluso algo más hermoso, quizás alguno de ustedes haya tenido la posibilidad de jugar con un niño hablante de una lengua extranjera desconocida. Si es así, quizás ya intuyen de qué va el hecho de que una de las consecuencias de la venida del Espíritu Santo en la fiesta de Pentecostés sea que todos los habitantes extranjeros de Jerusalén escuchaban en simultáneo a los discípulos hablar en sus propias lenguas maternas. La Gracia en el niño, es una fuerza fáctica que complementa su lenguaje y lo hace salud para su entorno. En el adulto, esto solo es una posibilidad pentecostal cuando por el amor aprehendido del Resucitado y Ascendido, éste se dispone a la vida comunitaria no desde su pequeño sí mismo, sino desde su gran sí mismo: no yo, sino Cristo en mí. Así es como aparecen los genios, los buenos maestros, los buenos agricultores, los buenos médicos, etc. Los adultos vuelven a irradiar belleza y salud al buscar sin perder la conciencia yoica ganada y volverse otra vez como niños, es decir; celebrar de manera ya no natural sino cultural, la Transubstanciación y la Comunión, el Sacramento.
Nahuel Di Stefano Villalba
Bibliografía.
La Biblia. (s. f.). Hechos de los Apóstoles 2:1-13.
Friedrich Benesch (1989). Pentecostés en la actualidad.
Rudolf Steiner La leyenda del templo y la leyenda dorada. GA 93
Rudolf Steiner El Evangelio según San Juan. GA 103
Rudolf Steiner. La misión de la Revelación del Nuevo Espíritu. GA 127
Rudolf Steiner. De Jesús a Cristo. GA 131
Rudolf Steiner. La Antroposofía y sus oponentes. GA 255Nb
Rudolf Steiner. La naturaleza y los seres espirituales. Su influencia en nuestro mundo visible. GA 98
Rudolf Steiner. La llegada de Cristo al mundo etéreo. GA 118
Rudolf Steiner. La naturaleza humana, el destino humano y el desarrollo mundial. GA 226
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