Meditaciones acerca del camino hacia la libertad. Segunda Entrega.

REVISTA 2

Martin Slane

Tribalismo versus ciudadanía

Observados y pensados desde el punto de vista de la libertad, estos dos conceptos son bastante antitéticos. Sus poderosos campos de fuerza organizan la vida anímica individual y la organización social de manera muy diferente, ya que el tribalismo está relacionado principalmente con la libertad en su aspecto negativo mientras que la ciudadanía lo está en su sentido positivo.


De todas formas, es evidente que ninguna de las dos expresiones son puras desde la óptica del camino hacia la libertad. Podemos encontrar grados relativos de libertad dentro de una estructura grupal o nacional, mientras que no tanto cuando nos identificamos con algún colectivo con un alto grado de renuncia a la expresión de nuestra individualidad.

Mientras que el espíritu de este tiempo invita al ser humano a explorar el mundo, lograr un alto grado de independencia e individuarse, el tribalismo conduce con certeza a agruparnos en distintas clases de congregaciones u organizaciones cuyas cláusulas de asociación explícitas o implícitas apuntan a un solo rasgo, o quizás a un conjunto de ellos, que de ahora en más van a ser los dadores de identidad personal en detrimento de la personalidad individual integral. Dentro de este contexto, cada individuo podría perder su propia voz y junto con ella su propia autenticidad y la expresión de la libertad en su pensar y acción. Es evidente que no sería apropiado ni conveniente que dentro de la tribu haya disenso, ya que si lo hubiese y no se lo pudiese resolver la agrupación correría peligro de disolución o extinción.

¿Puedes imaginar de qué rasgos estaríamos hablando que facilitan el tribalismo a partir de la vivencia anímica provocada por la libertad negativa?

La dialéctica víctima-victimario u opresor-oprimido está en la base de su constitución, acompañada por una pincelada de estridentes colores de la dupla amigo-enemigo. Solo hace falta identificar un victimario u opresor para aglutinar a un grupo de personas en una tribu para ir al combate, y si esto transcurre de esta forma nos encontraremos en el tiempo con un juego de poder de supuestas víctimas que reclaman reparación y resarcimiento a un supuesto victimario, debido a supuestos perjuicios cometidos contra este colectivo, reclamo realizado por lo general de forma extemporánea. Y si estamos frente a una situación que involucra a la dinámica del poder ya que aparece un opresor y un oprimido, lo más probable es que nos encontremos con un alto anhelo de destrucción devastadora, con un impulso que conduce al combate.

Los rasgos anímicos mencionados no son los únicos constituyentes del impulso tribal en los términos mencionados sino partes de un tejido multicolor de factores. La angustia, el miedo, la duda y la soledad como así también olvidarse o librarse del propio yo (20) o que éste no habite su casa (21) son determinantes en su formación. Además, sin algún tipo de duda, el motor de la organización de características tribales en el aspecto descripto no es la búsqueda de la verdad sino el crudo ejercicio del poder, sobre los otros.


“El masoquismo constituye uno de los caminos que a ello conducen. Las distintas formas asumidas por los impulsos masoquistas tienen un solo objetivo: librarse del yo individual, perderse; dicho con otras palabras: librarse de la pesada carga de la libertad.” (22)

“Dado que el término “sadomasoquista” se halla asociado con la noción de perversión y de neurosis, emplearé la expresión carácter autoritario para referirme al tipo de carácter de que se está hablando, y ello de especial manera cuando se trate de individuos normales. Esta terminología se justifica por cuanto la persona sadomasoquista se caracteriza siempre por su peculiar actitud hacia la autoridad. La admira y tiende a someterse a ella, pero al mismo tiempo desea ser ella misma una autoridad y someter a los demás.” (23)

(20) Ibid., p. 157.

(21) Steiner, Rudolf, The Karma of Untruthfulness, Secret Societies, the Media, and Preparations for the Great War, Rudolf Steiner Press, Forest Row, GB, 2005, lecture XIX, Vol. II (GA 174) y Slane, Martı́n, El hombre sin hogar, Op.cit.

(22) Fromm, Erich, Op.cit., p. 155. Enfasis del autor.

(23) Ibid., p. 165. Énfasis del autor.

Entonces, si desde la óptica de Erich Fromm el masoquismo moral conduce inevitablemente a una especie de renuncia al propio yo con la triste consecuencia de la pérdida de libertad en su aspecto positivo y el carácter autoritario individual nos conduce a una actitud ambivalente hacia la autoridad con todo lo que esto conlleva, la mirada de Rudolf Steiner nos señala en la dirección de lo que él denomina el desprendimiento del yo del plexo solar o celíaco del ser humano, su casa. Y cuando esto ocurre, nos encontramos frente al fenómeno psicológico de la proyección de contenidos inconscientes, que conduce a poner a los defensores de una tribu del lado de la luz y la verdad relegando a los otros a la sombra, donde el rencor, la deshonestidad, la malicia y el engaño están a la orden del día y motorizan la acción, la vida emocional está a flor de piel, los sentimientos serenos y profundos se obnubilan gracias a que la vida del pensar ha sido poseída por una marea de emociones incontrolables y deseos inconfesables, mientras que esta misma vida se ha sometido a la tiranía de la lógica (24), esto es, una lógica autorreferencial fría y abstracta que ha cortado todos los vínculos posibles con la búsqueda de la verdad y con la riqueza y complejidad de la realidad. ¿Algo de esto te suena conocido?

Ahora bien, ¿qué ejemplos de tribalismo podemos imaginar?

En primer lugar, pienso en algunos de los ejemplos que sea consecuencia de las ideologías en boga desde hace algún tiempo en la academia (25) que nos facilitarán discriminar algunos aspectos a los cuales nos estamos refiriendo y echar luz sobre algunos fenómenos.

Si realizamos una mirada retrospectiva sobre acontecimientos mundiales desde el siglo veinte hasta el día de hoy – no haría falta retroceder más en el tiempo para alcanzar el punto- se observa que en relación a muchos seres humanos que han sido identificados sólo con algunos de sus rasgos personales, tanto materiales como espirituales, se los ha discriminado de forma negativa, han sido segregados de muchos ámbitos de la vida comunitaria, se los ha maltratado de múltiples formas, fueron abusados en todo sentido, se los ha castigado sin haber cometido algún crimen y a otros inclusive se los ha matado o aún peor, se los ha hecho desaparecer. Esto realmente es un hecho indiscutible. Pienso en las personas afroamericanas, en los descendientes de pueblos indígenas americanos y distintas etnias alrededor del mundo, en individuos pertenecientes a distintos grupos religiosos y nacionales, en personas con una orientación sexual diferente a la tradicional o socialmente aceptada y también en las mujeres.

Debido a la toma de consciencia por parte de muchos individuos acerca de estos factores se fueron conformando con el tiempo distintas asociaciones o instituciones que intentaron velar por la dignidad y derechos humanos de estas personas y no pocas veces impulsaron la transformación de costumbres o instituciones donde transcurre la vida social en común, paraque estas personas lograsen alcanzar la propia realización individual dentro del marco social en el que habitaban, en un tiempo donde la libertad y la decisión acerca de qué hacer con la propia vida es un derecho inalienable. Hombres y mujeres con claridad, decisión y coraje consiguieron muchos logros para sus congéneres: por ejemplo, las mujeres votan y si así lo quisiesen pueden tener una vida profesional, muchas etnias gozan de los mismos derechos y obligaciones que el resto de sus connacionales, existen las uniones civiles o matrimonio entre personas del mismo sexo en muchos países occidentales y aunque aún falta mucho por hacer, también muchos grupos religiosos gozan de la libertad de practicar su credo y llevar a cabo sus tradiciones.


(24) Arendt, Hannah, Op.cit.

(25) Para familiarizarse con el tema de lo que se llama Teoría Crítica de Raza (CRT), “interseccionalismo” y poscolonialismo, ver Murray, Douglas, The War on the West, Harper Collins Publishers, London, UK, 2022, entre otros autores.

¿Podríamos decir que estos logros han sido consecuencia del tribalismo organizado alrededor de estos fines?, en síntesis, ¿esto sería tribalismo?

Sin embargo, con el tiempo, algunas de las instituciones de antaño y otras nuevas fueron desviándose de la búsqueda de la verdad, el respeto hacia la dignidad humana y la integración social y se corrompieron acercándose hacia los juegos de poder y la política, no hacia la búsqueda de la verdad y la justicia.

Y así, colocándose en el lugar de la víctima en la dialéctica víctima-victimario, fueron creándose tribus o colectivos identitarios con sujetos que a partir de uno o más rasgos de la totalidad de su individualidad y, con el supuesto fin de defender derechos de ciertas minorías, fueron construyendo artificialmente del otro lado un victimario implacable –un enemigo- investido con poder de dominación y destrucción.

Dentro de este panorama, estas instituciones establecen dentro de su plan de “lucha” que una víctima es mucho más víctima aún cuántos más rasgos de pertenecer a una minoría social posea: por ejemplo, una mujer afroamericana homosexual de bajos recursos no tendría el mismo nivel de víctima que una mujer blanca heterosexual de bajos recursos; la primera estaría dos escalones más alto en el reclamo de presupuestos derechos, ya que por ser afroamericana y homosexual “suma” más puntos de desventajas. Por lo tanto, el colectivo tribal enarbolaría la bandera de la lucha contra los supuestos opresores para que derechos difíciles de identificar y asignar le sean devueltos, derechos que desde esta óptica no son fáciles de discernir, como por ejemplo, cuando reciben beneficios especiales en educación o en la ayuda social del estado. Y en el camino no tendría ningún problema en agrupar a la segunda mujer junto a los supuestos opresores ya que por pertenecer al grupo de las mujeres blancas la colocaría en el lugar de los victimarios, por el sólo hecho de ser blanca y heterosexual. A continuación, una cita a partir de otro ejemplo desde una realidad que hoy viven muchas naciones del hemisferio norte respecto al llamado multiculturalismo:

“Una vez que deificamos el multiculturalismo, todo lo demás deviene subordinado. Los logros de los individuos son secuestrados como propiedad de la tribu a quien le debe la lealtad principal. Una incoherencia de "interseccionalidad” es inevitable cuando nos despojamos de nuestra humanidad común y la  reemplazamos con una gran cantidad de lealtades tribales que no pueden ser resueltas todas, mucho menos reconciliar, incluso centrándonos en un objetivo común de la cultura dominante y la mayoría de la población. En tal paradigma, la historia se vuelve casi carente de significado. El colectivismo borra el individualismo, como el pasado es reducido a un melodrama monótono de fuerzas inhumanas en conflicto.” (26)

Como en toda ideología (27) el resarcimiento de supuestos derechos perdidos o reclamos acerca de su condición actual tienen que ver con el pasado, con la historia, con aquello que le ha sucedido a sus antepasados. Si tomamos el ejemplo de la mujer afroamericana o lo observamos desde su etnia o color de piel, el reclamo estaría validado gracias a las atrocidades, dolor, desarraigo y muerte de muchos seres humanos víctimas reales del tráfico trasatlántico de esclavos. Sin lugar a dudas un triste capítulo de la historia de la humanidad.

“Desde los años mil cuatrocientos a los mil ochocientos, algo asícomo entre diez y doce millones de africanos fueron transportados a través del Atlántico al nuevo mundo. Los esclavos que fueron sacados de África no sólo sufrieron la indignidad de ser arrancados de su tierra y llevados al exterior sin sus permisos. Sufrieron la indignidad adicional de haber sido vendidos por sus vecinos y familias.” (28)



Sin embargo, ¿qué habría que resarcir?, ¿cuál sería el fin de crear estas categorías que finalmente enfrentan a los seres humanos y generan rivalidades, enfrentamientos y daño?, ¿cómo se juzga hoy lo que hay que devolver?, ¿es lícito reclamar a un grupo o institución de hoy por un crimen que no ha cometido?, ¿cómo incluimos como corresponsables a las familias y vecinos que muchas veces los vendieron?, ¿esto no abonaría la guerra de todos contra todos? Y finalmente en todos estos hechos, ¿dónde ha quedado el individuo y la libertad?

“El verdadero enemigo del tribalismo es el individualismo.” (29)

Y aquí hay algo importante para dilucidar, algo que conduce al desmoronamiento del argumento ideológico, ya que por lo general este tipo de lógica sólo apunta a encontrar un enemigo dentro de un conjunto particular de seres humanos e instituciones de estos tiempos: el hombre blanco y el impulso de Occidente, busca socavar los cimientos de la época del Alma Consciente y entre ellos el ejercicio del impulso hacia la libertad, el despliegue de la personalidad y la cooperación social responsable. El tribalismo conduce de esta forma a identificar como victimarios a otra “tribu” soslayando el hecho de que las atrocidades cometidas a lo largo de la historia no son el producto de determinados pueblos, sino que son cualidades inherentes a la naturaleza humana individual que se expresan de forma grupal, tribal o nacional, ya que el impulso a destruir, someter y esclavizar vive -al menos en potencia- en cada alma humana. ¿No es mejor poner esto afuera de forma colectiva ya que es algo diIícil de digerir en forma individual?

“Y mientras que una enorme atención ha sido puesta en años recientes al comercio de esclavos que fueron hacia el oeste, muy poca ha sido utilizada en el comercio que fue hacia el este. En realidad tan poco que los estimados de los números de los esclavos africanos que fueron puestos en el comercio árabe de esclavos son aún más amplios (asícomo más elevados) en su rango que el comercio transatlántico... entre once y diecisiete millones de africanos fueron comerciados al este en el comercio de esclavos manejado por los árabes.”

“Por ejemplo, en el interés moderno por la esclavitud, muy poca atención es puesta sobre el hecho que entre los siglos XVI y XIX los piratas bereberes (esto es, piratas musulmanes principalmente del norte de África) llevaron a cabo ataques constantes no sólo a barcos europeos sino contra ciudades costeras y ciudades a lo largo de Europa. Durante esos años, los piratas bereberes atacaron y secuestraron a los habitantes de los países del lado norte del Mediterráneo incluyendo Italia, España, Portugal y Francia. Pero también secuestraron personas en Gran Bretaña y los Países Bajos. Las personas capturadas -todos europeos blancos- serían entonces usadas tanto como para recompensa o vendidos como esclavos. Durante los años durante los cuales operaron los piratas bereberes, se cree que secuestraron tanto como un millón y cuarto de europeos de sus casas.” (30)

También el tribalismo al que estamos haciendo referencia aquí es muy resonante con lo que Hannah Arendt describe de manera brillante en términos sociopolíticos como nacionalismo tribal, en relación con los imperialismos continentales europeos y la nación-estado occidental después de la Revolución francesa y a lo largo del siglo XIX.

“El nacionalismo tribal, la fuerza impulsora tras el imperialismo continental, tenía poco en común con el nacionalismo de la nación-estado occidental completamente evolucionada... Las naciones entraban en la escena de la historia y se emancipaban cuando los pueblos habían adquirido una consciencia de sí mismos como entidades culturales e históricas, y de su territorio como hogar permanente donde la historia había dejado sus rastros visibles, cuyo cultivo era el producto del trabajo común de sus antepasados y cuyo futuro dependería del curso de una civilización común.” (31)



(28) Murray, Douglas, Op.cit., p. 114.

(29) Hanson, Victor Davis, Op.cit., p. 143.

(30) Murray, Douglas, Op.cit., p. 114-115.

(31) Arendt, Hannah, Op.cit. p. 339-340.

Sin embargo, las naciones-estado entraron en una especie de crisis con la caída de la monarquía absoluta y el sinuoso pasaje hacia nuevas formas de gobierno. Con anterioridad, el rey entronado era el garante del orden social a través del brazo legal y normativo del estado cuyas leyes protegían a todos sus ciudadanos sin importar sus lugares de nacimiento. Pero ahora, en el pasaje hacia una nueva forma de gobierno, nació un fuerte temor de conflicto permanente entre las distintas clases que componían una sociedad así como de la lucha por el control de la maquinaria del estado. Por lo tanto, en ausencia de un monarca que lograse la unidad, fue necesario encontrar un factor que se mostrase como aglutinador y fuese garante de la cohesión social. Entonces, en ausencia de un soberano que simbolizase la esencia comunitaria, el origen común se estableció como principio organizador, el haber nacido en la misma tierra, y se expresaba de forma sentimental en el nacionalismo. De ahora en más el estado, en vez de proteger los derechos de todos los seres humanos que habitan la nación, se convirtió en un instrumento de la nación misma y pudo ser interpretado “como nebuloso representante de un “alma nacional” a la que, por el mismo hecho de su existencia, se la suponía situada más allá o por encima de la ley”. (32)  De esta forma, se estableció la supremacía del sentimentalismo nacionalista en detrimento del imperio de la ley.

No obstante, el tema no se agota en la observación del nacionalismo como cemento que une un estado centralizado y la sociedad atomizada. Gracias a las grandes corrientes migratorias, las guerras y los cambios de fronteras en Europa, algunos grupos humanos no poseían las condiciones de la trinidad “pueblo-territorio-estado” (33) para constituirse en una nación, sino que eran una masa de personas que se hallaban dispersos entre miembros de otras nacionalidades, en distintos territorios nacionales. Eran individuos que pertenecían a determinadas etnias y sus lenguas no se habían desarrollado más allá del dialecto. Y para alcanzar cierto estatus nacional por fuera de las condiciones necesarias para adquirirlo esgrimían, por ejemplo, su lengua y su alma eslava o germana con tal fin; sentían que eran una nación y en algún caso alegaban la afirmación de haber sido elegidos por la divinidad. “El nacionalismo tribal surgió de esta atmósfera de desarraigo” (34), no tenían un hogar definido sino que se sentían en casa donde la tribu estuviese. Esto llevó, según Hannah Arendt, a la formación de los panmovimientos, que nunca trataron de lograr una emancipación nacional, sino que sólo serían un factor político en la arena pública de la lucha por el poder.

“Existían masas que no tenían la más ligera idea del significado de la patria y del patriotismo, ni la más vaga noción de la responsabilidad por una comunidad común y limitada.” (35)

Estas mismas masas de los panmovimientos -como por ejemplo los pangermanos austríacos de Austria-Hungría- carentes de las ideas y principios fundamentales para la constitución de una nación y la vida en una comunidad étnicamente diferente, sostenían su origen divino más allá de la creencia judeocristiana del origen divino del ser humano. El ser nacional estaba por encima del ser humano en sí, creado por Dios. Estimado lector, ¿puedes imaginar las implicancias de esta concepción?, ¿podemos imaginar qué acciones podrían realizar los líderes de tales pueblos basados en la arrogancia y una supuesta supremacía otorgada por derecho divino?, ¿cuáles serían los efectos del impulso del tribalismo nacional sobre el don de la libertad humana?

“El tribalismo de los panmovimientos con su concepto del “origen divino” de un pueblo debió parte de su gran atractivo a su desprecio por el individualismo liberal, el ideal de humanidad y la dignidad del hombre.”  (36)

Entonces, a partir de aquí, ¿podríamos imaginar los factores en común de las distintas formas de tribalismo que hemos presentado?

El primer rasgo en común que se presenta delante de mí es el aspecto sentimental o emocional de las argumentaciones de las personas que defienden y sostienen el tribalismo a rajatabla, rasgos que tiñen toda la construcción racional abstracta e inorgánica del edificio de las respectivas ideologías. Estos individuos se encuentran envueltos en una marea de subjetividad y sentimentalismo y sólo están amarrados a los eslóganes de turno, a abstracciones que sólo cumplen la función de mantener al rebaño en su lugar y a dirigir sus acciones. ¿Cómo podría ser guiado el rebaño si no existiese tal punto de anclaje que hace las veces de falso yo grupal o colectivo? Es evidente que nos encontramos frente a una marea de subjetividad excesiva que tiñe de oscuridad la vida del sentir llenándola de malicia y engaño, ya que el yo individual no está habitando su casa, siendo éste reemplazado por un axioma que las personas consideran inexorable, como es en el caso de los totalitarismos.

Así comprometida la vida del sentir la vemos reflejada en la vida del pensar, donde sólo observamos teorías o argumentos que nacen del pensamiento emocional, donde existe la creencia de que aquello que pienso a partir de mi subjetividad emocional coincide exactamente con la realidad. Este tipo de pensamientos rompe todo vínculo con la realidad, crea un mundo de ficción que entre otras cosas relata que la realidad objetiva no existe. ¿Podría el ser humano comunicarse y expresar sus experiencias y pensamientos a otro ser humano si no hubiese una realidad objetiva en común que es observada desde distintos puntos de vista? En otra parte he escrito lo siguiente iluminado por el pensamiento de Rudolf Steiner plasmando sus ideas:

“En esta época cultural para que el pensar sea objetivo y con claros contornos “lo que importa es si una idea se cultiva a partir de la realidad” ya que “es irrelevante si una idea se corresponde a un sentimiento que es lindo o, quizás, humano” (...) Sería indispensable que para “aspirar a ideas que se cultivan a partir de la realidad, lo primero necesario es estudiar la realidad”, ya que “... el mundo es una realidad en el cual toda clase de impulsos reales trabajan en contraste el uno con el otro”. (37)


Entonces, a partir de la vida sentimental a flor de piel que genera pensamientos emocionales que equiparan la experiencia subjetiva con la realidad objetiva y guiados por un líder, una institución o una idea que se impone como si fuera la verdad, un dogmatismo fundamentalista de carácter religioso puede perfectamente poseer a la tribu y los demonios pueden tomar las riendas. En ausencia de yoes individuales sólo queda una caricatura de nosotros mismos y la tendencia será necesariamente aglutinar una formación de masa. De allí hay un solo paso para declarar como enemigo a cualquiera que no realice las oraciones cotidianas según el misal autorizado por la tribu. De esta forma, ¿no estaríamos en algunos casos en el umbral de una invasión, una guerra o un genocidio si lo observamos desde el punto de vista nacionalista tribal?, ¿no estaríamos quizás también ante las puertas de acciones para silenciar o prohibir minorías religiosas?, ¿o para acusar a una etnia o cultura de supuestos agravios? Y si observamos los hechos posteriores a la Revolución francesa y a la Declaración de los Derechos del Hombre, ¿acaso no vino inmediatamente el Terror y la muerte por guillotina de tantísimas personas sospechadas de no ser leales a los ideales revolucionarios?, ¿dónde estaría la libertad, la igualdad y la fraternidad?

“Jamás estamos seguros de que una nueva idea se apodere de nosotros o de nuestro vecino. Tanto la historia contemporánea como la antigua nos enseñan que a menudo esas ideas son tan extrañas, e incluso tan extravagantes, que la razón difícilmente las acepta. La fascinación que por lo regular entraña una idea de tal índole suscita una obsesión fanática que, a su turno, hace que a todos los disidentes -no importa cuán bien intencionados o sensatos sean- se los queme vivos, se les corte la cabeza o se los aniquile en masa con la ametralladora moderna... Es sorprendente la transformación que se opera en el carácter de un individuo al irrumpir en él las fuerzas colectivas.” (38)

Por último, nos queda aún un aspecto compartido según los ejemplos que hemos mencionado, que se desprende de las características propias del tribalismo, cuyos grupos aglutinados bajo su paraguas realizan acciones que están guiadas por eslóganes que encienden el sentimentalismo y provocan un estado de ensueño colectivo nocivo. Por lo tanto, si la acción es llevada a cabo en rebaño, ¿no se estaría arruinando la moral de cada uno de los integrantes del grupo o institución?, ¿todos los participantes estarían de acuerdo con la metodología utilizada para alcanzar el objetivo?, ¿existe tal cosa como una moral colectiva?, y si en algún momento las acciones llevadas a cabo generasen un perjuicio, ¿cómo se juzgaría la responsabilidad de cada miembro del grupo?, ¿acaso se han llevado a juicio a todos aquellos que alentaron y apoyaron al nazismo y al comunismo soviético por los crímenes de lesa humanidad realizados en los campos de concentración y en los gulags siberianos?

Muchas de las personas que forman parte de distintas sociedades en la actualidad y antaño soslayan meticulosa y prolijamente este serio problema, ya que una vez que hemos sido atrapados por el encanto de las masas y somos llevados en andas de la emoción compartida, arrojamos al tacho de basura todo aquello que tenga que ver con un pensamiento o acción moral propios y nos alejamos peligrosamente del camino hacia el individualismo ético (39), el que finalmente nos conduce a ser verdaderamente libres. El tribalismo daña necesariamente la conciencia moral.

Ciudadanía y sus implicaciones

Sin embargo, como tantas otras personas ya lo han hecho con anterioridad, considero que el mejor antídoto para combatir el daño causado por el tribalismo multicolor y en el mejor de los casos atenuarlo, disgregarlo o conjurarlo, es la idea y puesta en práctica en el campo sociopolítico de aquello que llamamos ciudadanía, con todo lo que esto implica.

“La ciudadanía es lo que hace a una república; las monarquías pueden arreglárselas sin ella. Lo que mantiene a una república en pie es la buena ciudadanía.” (40)


“La ciudadanía, después de todo, no es un derecho; requiere trabajo. Sin embargo, demasiados ciudadanos de las repúblicas, antiguas y modernas, llegan a creer que merecen derechos sin asumir responsabilidades y no se preocupan por cómo o por qué o de quién heredaron sus privilegios... los ciudadanos no son meros residentes, propensos a recibir más que a dar. No son personas tribales que se unen por apariencia o lazos de sangre. No son campesinos bajo el control de los ricos. Tampoco es su primera lealtad a un mundo común abstracto... El ideal era que un ciudadano se definiera por sus valores, no sólo por su nacimiento y en absoluto por su credo o color... La ciudadanía por definición impone ciertas responsabilidades a cambio de derechos delineados.” (41)

Hasta aquí hemos esbozado algunas cualidades respecto a la ciudadanía. Ahora bien, ¿podríamos rastrear y encontrar los primeros vestigios de ciudadanos?; ¿qué nos dice la historia?

Si indagamos acerca del nacimiento de lo que denominamos ciudadanía lo encontraremos en la Grecia clásica, donde alrededor del siglo V a.C. un número creciente de varones nativos gozaban de este privilegio, esto es, poder hablar libremente en la asamblea, pasar sus bienes a herederos mujeres o varones, ser juzgados civil o penalmente por pares y votar para definir determinados asuntos de la ciudad-estado. (42)

Más allá de estas características del rol del ciudadano en aquellas tierras, es importante tener en cuenta la idea de Aristóteles que, a partir de la observación de los gobiernos consensuados en la Grecia clásica, sostenía como el ideal innato de ciudadanía, afirmando que no eran ni las elites ni los pobres sino la clase media (43) la que daba cohesión al estado; también aducía que “porque la ciudad que está compuesta por ciudadanos de clase media es necesariamente mejor gobernada; son, como decimos, los elementos naturales del estado”. (44)

¡Qué afirmaciones las de Aristóteles!, ¿No abren acaso un sinnúmero de interrogantes?

“Aristóteles prevé la clase media no sólo como moralmente superior a la elite, sino también como más estable y confiable que el pobre. Y una ciudad-estado gobernada por las clases medias es superior no sólo a la oligarquías sino también a los pueblos tribales, a menudo nómades y sin asentamientos permanentes, que definen sus existencias políticas por lazos pre-civilizatorios de sangre y matrimonio.” (45)

Entonces, ¿qué vamos visualizando hasta aquí?

Más allá de todo lo que hemos dicho acerca del tribalismo, fenómeno que se asemeja a las formas pre-civilizatorias de la cultura donde lo que importa es el grupo, el ejercicio del poder y la conquista, las dialécticas víctima-victimario y amigo-enemigo y ser el grupo o pueblo elegido por derecho divino o por ser portador de la verdad, la ciudadanía se presenta en cambio a sí misma colocando en el centro al individuo deviniendo en forma creciente cada vez más libre, dentro de una estructura legal que regula la vida cotidiana entre los miembros de un mismo estado y permite formas de gobierno más participativas, como la democracia -aunque ésta pueda

devenir en algunos casos en tiranía- y la república.

Por lo tanto, visualizamos en la Grecia clásica despuntar estos factores fundantes del mundo occidental actual; asimismo observamos la tensión entre el tribalismo o la sed de conquista sobre otros pueblos ir de la mano con el impulso naciente de una ciudadanía dentro de un marco legal. Además, la ciudadanía griega se sirvió sin ninguna duda de todos los talentos y potencia de sus residentes y su clase media. Solo hace falta poner el foco en su arte, filosofía y formas de gobierno para descubrir estos factores.

 Sin embargo, vamos a encontrar en la República romana una profundización y nueva forma de manifestación de qué significa ser ciudadano:

“La Roma republicana se desarrolló sobre la idea griega de ciudadano (civis) en múltiples formas. Los romanos codificaron muchos derechos y delinearon las responsabilidades del ciudadano... Pero lo más importante, el republicanismo romano buscó mejorar la volatilidad percibida y los abusos inherentes en la democracia radical, especialmente ateniense.” (46)

A esta descripción podemos agregar, a partir del punto de vista de la relación entre el mundo espiritual y el material desde la perspectiva de las épocas culturales, lo que Rudolf Steiner afirma al decir que es en el mundo romano el momento en el cual nos encontramos con la verdadera ciudadanía, ya que un nuevo factor se estaría incorporando, el de la naciente personalidad.

En el mundo griego antiguo, las manifestaciones de las cualidades del mundo espiritual que encarnaban en el mundo físico se expresaron sublimemente en su arte. Las estatuas de mármol habían tomado una apariencia de vida y sus templos, a pesar de que muchas veces estaban vacíos, se imaginaba en ellos la presencia del dios; el templo era el cuerpo físico de la divinidad en cuestión, los artistas griegos habían logrado plasmar en la materia aquello misterioso de la cualidad del ser que habita y se manifiesta desde el mundo espiritual. Sin embargo, a pesar de haber tenido la institución de la ciudadanía, aún no había logrado aquello que sí habían conquistado a través del arte, el mundo de la forma no había llegado hasta su misma individualidad, ya que más importante que ésta era la identificación por pertenencia como en el caso de ser espartano o ateniense por sobre la individualidad en sí. Imaginamos entonces que fue en la Grecia clásica donde fueron dándose los primeros pasos hacia la individualidad y la personalidad aún vinculadas a un gran sentido de pertenencia. No obstante, ese paso fue mucho más marcado en Roma, esto es, acercarse a la idea y manifestación de aquello que hoy denominamos personalidad y consecuentemente profundizar aquello que hoy llamamos ser ciudadano, sus contornos eran más claros y su forma más delineada.

“[Los romanos] Son los primeros que sienten que el ser aislado, el individuo, tiene un valor propio. Son los primeros que tienen consciencia de lo que es el “ciudadano” y por eso crearon la jurisprudencia, el derecho, que se puede llamar a justo título una invención romana... Solamente en la antigua Roma se ha tenido el verdadero sentimiento de lo que es un ciudadano. En ese momento ha incorporado al mundo físico hasta su propia individualidad.” (47)

Esta antigua institución nacida en la época cultural greco-romana sigue brindando aún hoy sus mejores servicios para la vida política y social gracias a que se ha ido actualizando a lo largo del tiempo de la mano de la manifestación y despliegue de la personalidad, un factor fundamental a considerar cuando hablamos de ciudadanía y del nacimiento y desarrollo de nuevas formas políticas, sociales y culturales. ¿Con qué fin estamos diciendo todo esto?; ¿cuál es su importancia?

Considero que a partir de la distinción que hemos alcanzado entre lo que denominamos estados-nación en contraste con los nacionalismos tribales y tribus de varios colores y pelajes, la ciudadanía se presenta a sí misma -junto con las cartas constitucionales de los países y los respectivos símbolos nacionales-, como el elemento central que da cohesión social a sus ciudadanos, convoca a la “responsabilidad por una comunidad común y limitada” (48) y posibilita dirigirnos hacia el futuro con una clara dirección a la vista, brindando las condiciones de posibilidad para la acción humana libre. Es un conjunto de valores e ideas rectoras que viven y brillan por encima de cada uno de los individuos que componen una determinada nación y permiten el florecimiento de la personalidad y la vida vivida en libertad, dentro de un marco legal e iluminados por el espíritu rector de la cooperación y responsabilidad social.

Más aún, este factor es extremadamente importante gracias a que en la actualidad más que nunca, las naciones son multiétnicas, un aspecto deseable y esperable dentro del desarrollo del alma consciente. Los países se enriquecen con lo humano diverso; muchos de nosotros portamos varias etnias en nosotros mismos, tanto en nuestros cuerpos como en aquello que vive en nuestras almas. Por lo tanto, es necesario que exista un orden, un centro más elevado que congregue, cohesione y oriente por encima de lo individual y permita tanto las dinámicas sociales como así también el crecimiento y libertad individuales, mientras que en el aspecto individual es necesaria una renuncia a aspectos personales para cohesionar y dar sentido a una nación, que está basada en el ideal del sacrificio (49), valor fundamental en la dinámica individual y social, motor de evolución y desarrollo hacia las generaciones futuras.

No obstante, aún falta definir una gran divisoria de aguas. Como ya es conocido, muchas naciones alrededor del mundo poseen constituciones, cartas fundacionales y un conjunto de leyes que regulan la vida al interior de sus fronteras que nacen a partir del conjunto de valores culturales, morales y religiosos de dicho pueblo; en otras palabras, su tradición y logros compartidos. Por lo tanto, la pregunta sería: ¿Están la mayoría de las constituciones o cartas nacionales basadas en el mismo conjunto de principios o tienen la misma mirada acerca de lo que significa ser humano, su libre acción en el mundo y de aquello a alcanzar en esta época cultural que denominamos Alma Consciente?

Aquello que llamamos en la actualidad Occidente, cuyas raíces están profundamente arraigadas en el continente europeo, con todas sus instituciones, cultura, vida política, ciencia y tradiciones, nace a partir de la semilla de aquello que llamamos valores judeocristianos como por ejemplo el recientemente mencionado, el ideal del sacrificio, y junto a esto el impulso cultural que nace en antigua Grecia. Este es un punto fundamental dentro del andamiaje que posibilita la explicación de los temas que estamos elaborando en estas meditaciones, permite la discriminación entre tribalismo y ciudadanía, es el sólido pilar que posibilita la expresión de la libertad y la individualidad. Dan cuenta de todas las conquistas de la acción humana libre en el mundo, desde los logros científicos y económicos hasta los culturales y sociales.

Como otro ejemplo, una perla dentro de este conjunto de valores que coloca en lo más alto el excelso ideal a alcanzar según las palabras del Evangelio:

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.” Mt. 22, 36-40. (50)

Como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia en la era cristiana, en la actualidad seguimos encontrando los más variados ataques que tienen como fin horadar y corroer los mismos cimientos de la cultura occidental y deshumanizar al ser humano. Más allá de los potentes embates a la cuatriestructura del ser humano, o sea, a sus cuerpos físico, etérico, astral y yo, y como consecuencia de este asalto, también están en peligro las tradiciones nacionales que permiten una nación multiétnica, sus cartas fundacionales, los acuerdos sociales, la ciudadanía y la libertad.

Referencias

(32) Ibid., p. 341

(33) Ibid., p. 343.

(34) Ibid. Énfasis de este autor.

(35) Ibid.

(36) Ibid., p. 346.

(37) Slane, Martín, El hombre sin hogar, Op. Cit. Las citas del párrafo son de Steiner, Rudolf, The Karma of Untruthfulness, Op. cit., GA 174, 6/1/1917.

(38) Jung, Carl Gustav, Psicología y religión, Ediciones Paidós Ibérica, España, quinta reimpresión, 1998, p. 32-33.

(39) Steiner, Rudolf, La Filosofía de la libertad, Op.cit.

(40) Twain, Mark (1906) en Hanson, Victor Davis, Op.cit., p. 1.

(41) Ibid., p. 2, 65 y 308.

(42) Ibid. p. 8.

(43) Ibid.

(44) Ibid. Cita de Aristóteles.

(45) Ibid., p. 9.

(46) Ibid., p. 10.

(47) Steiner, Rudolf, Mitos y misterios egipcios, Antroposófica, segunda edición, Villa Adelina, 2008. GA 106, p. 132-133.

(48) Arendt, Hannah, ver nota 35.

(49) Peterson, Jordan, https://youtu.be/ZBAA4mDI3bs?si=BKTw78ZZAfeTvK_U

(50) Cursiva en el texto bíblico.


Martin Slane

Clinical psychologist graduated from Universidad de Buenos Aires and International Certification as Anthroposofic Psychotherapist.Trained in Psychoanalysis and Jungian psychology. His studies include body work, non-ordinary states of consciousness, holotropic breathwork and Jungian’s dream analysis workshops. Present faculty member and former board member of AAPsiA - El Crisol, Argentinean Association of Anthroposophic Psychologists. Teacher, lecturer and researcher on anthroposophy, humanistic astrology, astrosophy and Christian hermetic astrology. His activities are carried out in seminars and workshops in Argentina, Chile and Mexico. Teacher of Introduction to Anthroposophy, of new paradigms at the seminar Crisis of paradigms and the evolution of human consciousness and facilitator of Circles of dialog at Fundación Columbia in Buenos Aires. Co-founder member of Red Antares, dedicated to research about the paradigm shift and the expansion of consciousness. Faculty member and teacher of the anthroposophic joint training for doctors and psychologists.


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