La ciencia espiritual, una necesidad para el tiempo presente.

REVISTA 3

Santiago Giacobbe

Habiendo transcurrido un cuarto de siglo XXI, podemos notar que la época actual confluye en una serie de movimientos que, en otros tiempos, hubieran sido difíciles de imaginar. La tecnología atraviesa nuestra forma de comunicarnos transversalmente, y no solo eso, también modifica la forma de trabajar, de aprender, de vincularnos, y muchas veces, de autopercibirnos.

¿Quién hubiera pensado hace doscientos años, que a una persona podrían estar mirándola desde su casa miles o millones de personas al mismo tiempo?

Los tiempos se aceleran, las imágenes se multiplican e incluso se crean de la nada, se expone la intimidad, y se facilita el consumo. Se ha llegado al punto de que resulta más difícil comprobar si lo que estamos viendo es real, verosímil o directamente artificial. Esta masividad en la comunicación trae aparejada una enorme expansión exterior, pero también parece abrir una distancia cada vez mayor entre la cantidad de estímulos que recibimos y la capacidad real del alma humana para elaborarlos.

Esta transformación exterior no queda sin consecuencias en la vida interior. Por un lado, aumentan las enfermedades crónicas, las manifestaciones psicosomáticas y las problemáticas ligadas a la salud mental. Las personas parecen cada vez más hipersensibles, irascibles o tomadas por el miedo generalizado. En contraposición, hay otros que se meten demasiado hacia adentro, se aíslan del mundo dentro de sus habitaciones, y callan lo que tienen para decir.

Todo esto puede marcarnos un sufrimiento que no queda solo en el plano psíquico, sino que nos atraviesa el cuerpo entero. Personas que nunca estuvieron tan conectadas exteriormente y, sin embargo, encuentran mucha soledad en su interior. Grandes medios de expresión, pero con pocas palabras propias. Hay innumerables contenidos con los cuales identificarse pero que parecen alejarnos aún más de la pregunta acerca de: ¿Quién soy yo?

Frente a este panorama, la pregunta no es solamente tecnológica, social o sanitaria, sino profundamente humana y espiritual ¿es esto necesario para la época? ¿Qué posibilidades podemos encontrar frente a los diferentes peligros que surgen en estos tiempos? ¿Cómo despertar una vida interior libre y verdadera para conectar con quien soy Yo?

Desde la Antroposofía, podemos ampliar esta mirada comprendiendo que nos encontramos en la quinta época post-atlante, la era del “alma consciente”. Según Rudolf Steiner, esta época comenzó en 1413 y, desde entonces, la humanidad tiene la tarea de desarrollar esta alma consciente. Vivimos en un tiempo en el que cada ser humano debe desarrollarse como individualidad, y frente a esto surgen innumerables posibilidades, pero también grandes peligros.

Nos dirá Steiner “Si la dificultad de llegar al entendimiento mutuo no se cernía sobre la quinta humanidad posatlante, el alma de la conciencia no podría desarrollarse y las personas tendrían que vivir su vida en común dependiendo de sus tendencias naturales. Y el cultivo de la individualidad, que pertenece al alma de la conciencia, tampoco podría desarrollarse. Esto debe suceder. Los hombres tendrán que someterse a esta prueba” (GA 168)

En la época anterior, dos personas que se conocían por primera vez se impresionaban una a la otra de manera más inmediata. Había un contacto directo, sin la necesidad de tanta profundidad. El alma de la conciencia solo puede desarrollarse cuando nuestros contactos con otras personas se hacen desde adentro, y esto lleva más tiempo que el reconocimiento a primera vista. Previamente había algo mas instintivo; hoy, en cambio, el reconocimiento del otro requiere una elaboración más íntima y sostenida en el tiempo. Frente a la dificultad que encontramos para entendernos unos a otros ¿Cuál será el remedio?

Rudolf Steiner nos dirá que, a medida que avance la quinta época post-atlante, habrá que sentir cada vez más interés consciente, habrá que desarrollar comprensión social. Desarrollarla a nivel tal de que se sostenga con un conocimiento profundo del verdadero ser del individuo humano: comprensión de cada singularidad, de las necesidades que uno puede tener y otro no. Se deberá cultivar un conocimiento práctico del alma y también de la vida misma.

“Difundir el conocimiento de los hombres, en particular, el conocimiento de la naturaleza humana, que nos permita comprender al ser humano en crecimiento y en desarrollo, comprender al niño, y cómo se desarrolla según su individualidad particular. De esta manera aprenderemos a adaptarnos así a la vida, de modo que cuando nos enfrentemos al karma con una conexión personal que establecer, una conexión que estrechar, establezcamos una relación real y duradera, del tipo que puede demostrar su valía en la vida, para así ser verdaderamente fructífero” (GA 168)

Cuando juzgamos a alguien sólo por su manera de ser, por sus rasgos exteriores o desde cómo creemos que deberían ser las cosas, nos alejamos de una verdadera comprensión del otro. La crítica en sí misma puede volverse una gran herramienta de las fuerzas opositoras a nuestro desarrollo. Todo esto genera un retroceso frente a la posibilidad de una comprensión práctica del ser humano. La simpatía y la antipatía son los mayores enemigos de estos intereses sociales si es que quedamos gobernados por ellas.

“El hombre debe pasar por pruebas y pruebas, porque las fuerzas opuestas ponen trampas en nuestro camino. Y, en consecuencia, los sentimientos de simpatía y antipatía se generalizarán, y sólo combatiendo conscientemente estos sentimientos superficiales podremos hacer nacer el alma consciente de forma segura” (GA 168)

Otra cuestión aparece en torno a los grupos, los dogmas y la autoridad. En la época previa, fue necesario que una autoridad derramara dogmas, es decir, pensamientos que sean comunes capaces de reunir a los seres humanos bajo una forma de comprensión. Pero si lo que se debe ahora desarrollar es la individualidad, aquello que hablaba a las religiones grupales, ya no puede encontrar del mismo modo su camino hacia los corazones humanos y las almas. Se vuelve necesario, entonces, describir experiencias internas libres de dogmas, de tal manera que pueda desarrollarse otra de las cualidades necesarias para el alma en esta época: una libertad de pensamiento tanto en lo religioso como en lo individual.

“Existe una pasión por embotar la conciencia y por el autoengaño en lo que respecta a la creencia en la autoridad. En nuestro tiempo, poner fe en la autoridad se ha vuelto tan grande y tan intensificado que bajo su influencia la gente está perdiendo su poder de juicio” (GA 168)

¿No parece una cita hecha para nuestros tiempos? Muchas veces la creencia religiosa no es solamente en lo religioso en si mismo. También puede ser una figura, una autoridad, una teoría particular o un grupo. Es esa mirada que nos embota y nos sectoriza. Que de algún modo nos reduce a seguir una voz que vemos como portadora de la verdad y es ahí donde perdemos total libertad: libertad no solo de acción, sino también de pensamiento. ¿Quiénes somos si todo el tiempo esperamos que nos digan lo que debemos realizar desde afuera? ¿Cómo nos escuchamos a nosotros mismos si nos han enseñado que esta mal hacerlo? ¿Cómo escuchamos al otro si piensa diferente?

“Ha llegado el momento en que padres e hijos, hermanos y hermanas, pueblos y naciones ya no se entenderán entre sí. Ya hay un número suficiente de personas que se dan cuenta de que estas condiciones necesarias sólo pueden funcionar para siempre cuando se enfrentan a la comprensión que surge de la vida misma del corazón. Porque el impulso para este nuevo mundo debe ser sacado conscientemente de la sangre del corazón. Lo que viene espontáneamente trae distanciamiento entre individuos. Debemos esforzarnos conscientemente por lo que surge del corazón humano. Cada alma tiene dificultades que encontrar en el quinta época post-atlante porque el alma de la conciencia sólo puede desarrollarse a través de las pruebas ocasionadas por la superación de estas dificultades.” (GA 168)

Para sostenernos en estos tiempos, para encontrar el camino hacia la comprensión social y la verdadera comprensión de uno mismo, para hacer posible y fomentar la libertad de nuestro pensamiento y el amor por la acción, la ciencia espiritual aparece como una antorcha. Es ella la que puede permitirnos transitar un camino lleno de dificultades, en medio de una noche que parece cada vez más oscura y con pocas estrellas en el cielo.

“Hay fuerzas misteriosas en el alma humana, y estas fuerzas, estas fuerzas misteriosas, vincularán el alma humana con el mundo espiritual y, a través de nuestra participación en la ciencia espiritual, este vínculo nos permitirá usar nuestro juicio cuando estemos en presencia de autoridad. No tendremos conocimiento experto, pero cuando en ciertos casos el experto actúe sobre la base de lo que sabe, podremos formarnos nuestro propio juicio al respecto. La ciencia espiritual no sólo nos enseña, sino que en este sentido desarrolla nuestra facultad de juzgar, es decir, hace posible y fomenta la libertad y la independencia de nuestro pensamiento. El mundo espiritual está en estrecha comunicación con nuestro actual mundo físico de la tierra” (GA 168)

Hay un profundo sentimiento de responsabilidad. Debemos darnos cuenta que pasará mucho tiempo hasta que logremos conquistar estas cualidades, pero no debemos perder de vista el centro: el desarrollo de la individualidad mediante la ciencia espiritual. Ahí es donde la antroposofía se vuelve una gran luz para nuestra época.

Solo los seres humanos pueden volverse libres cuando logran extraer sus impulsos del mundo espiritual. Las almas deben tomar conciencia de espíritu, y la confianza será la gran herramienta para desarrollar en el camino. Sólo mediante la fuerza de la confianza podemos conectarnos enteramente con el mundo espiritual. La soledad moderna, el desentendimiento general, y el caso generalizado pueden entenderse como la sombra de una conquista necesaria. Si la búsqueda de esta época es que se desarrolle la individualidad, primero el ser humano debe encontrarse consigo mismo. El fruto de esa conquista es tan grande que el riesgo también parece con esa magnitud. Es en esa lucha, atravesada por fuerzas opuestas, donde se consigue la madurez del alma que permite conquistar la fuerza para ir hacia una comunidad espiritual, hacia la verdadera fraternidad.

“Se puede decir que debe haber mucho sufrimiento, pero sólo del dolor y del sufrimiento puede surgir lo que verdaderamente une el conocimiento a nosotros mismos.” (GA 173c)

Santiago E. Giacobbe

Psicólogo con orientación antroposófica

Bibliografía

-Steiner, R. (s. f.). ¿Cómo puede superarse la pobreza del alma en los tiempos modernos? [How Can the Destitution of Soul in Modern Times Be Overcome?] (GA 168).

-Steiner, R. (s. f.). Autoconocimiento y experiencia de Cristo [Self Knowledge and the Christ Experience] (GA 221).

-Steiner, R. (s. f.). Necesidad y libertad [Necessity and Freedom] (GA 166).

-Steiner, R. (s. f.). Del síntoma a la realidad en la historia moderna [From Symptom to Reality in Modern History] (GA 185).

-Steiner, R. (s. f.). El despertar del alma humana y la formación del destino [The Waking of the Human Soul and the Forming of Destiny] (GA 224).

-Steiner, R. (s. f.). El karma de la falsedad I [The Karma of Untruthfulness I] (GA 173c).

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