Entrevista a la Doctora Marta Miguel
REVISTA 2
Diego Silva
Leo y releo la transcripción de la entrevista y siento que tengo una joya entre manos.Algo rico. Yo me siento más rico y nutrido. Y apacible en el alma.La entrevista a Marta fluyó tranquila, cálida. Siento que la joya que voy a compartirlesestá llena de palabras dichas y no dichas. Y es todo un desafío tratar de transmitírselas.Llego al Therapeuticum 20 minutos antes de la hora pactada. Dia sábado, al mediodía.Está Marta parada al sol, esperando. El último paciente canceló y no quiso avisarmepara no apurarme. Está parada al sol, esperando, luego de una mañana de trabajo.Pedimos permiso para hacer la entrevista en un consultorio, nos sentamos frente afrente, sin mesa de por medio y empezamos.
Marta, quería antes que nada agradecerte por haber accedido, por haber esperado, por la buena predisposición que tenés. Y te quería preguntar como pregunta muy general que uno siempre hace, ¿Cómo fue que vos te encontraste o se apareció en tu vida la Antroposofía? ¿Cuándo fue la primera vez que oíste hablar sobre Antroposofía?
Sí. Yo le pondría dos palabras, destino y encuentro. Destino en el sentido de que es lo que nos pasa, y a uno le pasa la Antroposofía. Y ese encuentro es más bien algo que, como las cosas del destino, vienen hacia uno más que lo que uno las busca. Eso sería. En lo concreto, el encuentro fue con la pedagogía Waldorf y siempre con personas portando la Antroposofía. A mí me convencieron las personas que vivían como pensaban. Con la Medicina Antroposófica, el encuentro fue poco convencional, en el sentido que lo hice a través del camino interior antes que por los contenidos científicos. Hoy les diría que no puede haber un médico antroposófico que no porte la Antroposofía. A partir de esto, con un estudio muy serio, rítmico y sostenido, con reglas no exclusivamente intelectuales, se me empezó a abrir un entendimiento o una comprensión de la palabra de Steiner, que fue como una especie de despertar espiritual a esa palabra. Y después de eso, como en una cascada, viene el impulso de llevarlo a la vida práctica. Entonces vino el proyecto del consultorio Wegman, que era asistencia, comunicación y estudio; luego participar en las fiestas cristianas, por muchos años, 25 aproximadamente; y el trabajo en el campo en las distintas estaciones viendo plantas humildemente, de dónde salieron después los dorones pampeanos. Esa fue una etapa de realización, de seguir lo que Steiner pedía. Es decir, no quedarse con el contenido del estudio, sino tener un sentido de naturaleza, convivir con el ciclo del año. Un poco después, ya en la práctica médica y a través de la docencia, aparece el encuentro como un Yo y como un Tú, ya sea con los alumnos en la docencia como en el trabajo con los pacientes. Esa es la última etapa de mi recorrido, en donde la calidez o el contenido del corazón amoroso empieza también a hacer un segundo despertar.
Y vos ¿a qué edad empezaste a encontrarte con todo esto? ¿Qué edad tenías vos?
Tenía 36 o 37 años.
¿Ya eras médica desde hacía cuánto tiempo?
Yo me recibí a los 22 años. Después hice la residencia en clínica médica. Amo el hospital, amo la actividad hospitalaria. Después hice la especialidad en gastroenterología. Esa fue la parte formativa convencional.
Tu práctica médica desde los 22 hasta los 37 que conociste la Antroposofía. ¿Cómo fue?
Me voy con mi familia a Santiago del Estero, nos mudamos todos. Como yo era “la doctora joven”, venía gente a consultarme con dolor de muelas, con que le había saltado una cosa en el ojo, por todo tipo de consultas cotidianas. Me acuerdo un nenito que no podía caminar, que yo diría era raquítico, no me puedo borrar su cara de la cabeza y yo me decía: “si hubiera sabido un poco más, le hubiera podido ayudar” y sentí que necesitaba seguir formándome a partir de esas experiencias de impotencia. Cuando volví a Buenos Aires, me dije que tenía que tener otras herramientas. Y ahí fue cuando me decidí primero por la Pediatría, porque es lo que más te piden, en general urgencia de chicos. Pero me pedían hacer la residencia y a esa altura otra residencia no iba a hacer. Y ahí mismo decidí hacer Homeopatía. Me abrió todo un campo y me conformó cierto tiempo. Los homeópatas tienen muy buena formación, son muy buenos médicos. Pero indefectiblemente caían en lo anímico. Y yo quería lo clínico. Y eso creo que vino a completarlo más la Antroposofía que se acerca más a la alopatía, si vos la ves en comparación. Lo que yo no sabía en ese momento es lo que le explicaba Steiner en la Clase a los Jóvenes, que: si se puede hablar de una Medicina Antroposófica, no es por los medicamentos que usa, porque también los tienen los homeópatas, no es por el cuerpo de conocimiento, la Homeopatía también lo tiene, sino porque la persona del médico vuelve a tener valor. Eso no pasa en ninguna otra medicina. O sea, el camino interior que hace el médico lo lleva a, (que era lo que pedía Ita Wegman) esta medicina de misterios, en donde el remedio vive y actúa porque está sostenido por un Yo y por un Tú, es decir, por una relación médico-paciente. Y eso creo que es el gran aporte que hace la Antroposofía. Todo lo demás es maravilloso y funciona. Puedo dar fe que funciona. Lo que quisiera decir es que si no hay seriedad, si no hay rectitud de intención, es decir, ¿qué estoy buscando con esto?, la práctica antroposófica no tiene sentido.
Una vez charlamos en Rosario y te pregunté cómo habías hecho tu camino interior. Me sorprendió que me dijeras que leyendo 8 años el libro Fisiología Oculta. ¿Qué te aportó esa experiencia?, porque es evidente que lo más valioso no fue el contenido intelectual sino las fuerzas que se movieron en esa perseverancia.
Si vos estás ocho años, vos tenés que ejercitar la paciencia, la perseverancia, la humildad; una cantidad de elementos interiores que si no hubiera sucedido la lectura de esta forma, no se desarrollarían. O sea, aparecen sin quererlo, porque uno no los busca. Yo quería saber medicina, el conocimiento duro. Pero aparecen ciertas capacidades o virtudes del alma, más depuradas, que sin ese esfuerzo sostenido, rítmico, regular, no hubiesen aparecido. Porque el mundo espiritual responde. No busquen los resultados, hagan el intento. Lo demás ya no depende de ustedes. Y ese intento tiene que ser serio, sostenido, rítmico. Tenemos que acercarnos al pensamiento vivo, es decir, que nuestros pensamientos de ser conceptuales, abstractos y referido a lo sensorio, pasen a los procesos de la vida. ¿Entendés? Entonces, eso es la primera gran meta. Lo demás ya no depende tanto, se presenta, como un regalo. El esfuerzo depende de uno.
¿Tuviste alguna experiencia, en el inicio de tu contacto con la Antroposofía, de sentir en el cuerpo y en el alma algo que se presentaba ante vos que no podías expresar con palabras? ¿Como que algo más grande de lo que pudieras abarcar con los sentidos ordinarios se te mostraba?
Mira nosotros fuimos los pioneros de los IPMT, que ahora ya no existen más. Te encontrabas una semana en un seminario y convivías con otros profesionales. La cuestión es que el primero era en El Loyola, en la provincia de Buenos Aires. Salimos en colectivo, éramos un puñado de personas. Era invierno y a la noche cuando nos fuimos a acostar, nos dieron un pabellón del seminario que estaba sin uso, no tenía calefacción. Las sábanas estaban congeladas. Fue un impacto el frío que hacía. Pasó ese seminario del cual no recuerdo mucho y ahí hablaban Micaela y otros, ya Wolff había muerto. Y cuando bajábamos, yo estaba con mi valijita, y de repente y si vos me preguntás qué fue, no sé, empecé a llorar como una Magdalena. No sabía dónde ponerme para que no me vieran. Yo lloraba y lloraba y no podía parar. Al día siguiente me llama Schulte y me pregunta cómo estoy. Ay, digo, este me vió. Él era el encargado de nosotros. Y le digo: mirá, tuve una vivencia, por favor, nada más, estoy bien. Pero es esto. Como una conversión muy honda que no te la vas a olvidar mientras vivas. Es el encuentro con el Ser de la Antroposofía.
Que hermoso. Vamos a hablar del coraje. Yo me imagino que para Steiner cuando le incendian el Goetheanum, fue un punto de inflexión, donde si no apelaba al coraje para seguir, no sé en qué terminaba todo. ¿Vos alguna vez flaqueaste en cuanto a cosas de la vida y la práctica médica con respecto a la práctica Antroposófica?
Nunca dudé. Nunca dudé. Y aparte con el tiempo y con la pericia empecé a ver que funcionaba. O sea, esa es la otra, como decía Santillán, cuando nosotros empezamos, ¡no sabíamos qué le iba a pasar al paciente! Pero yo no dudé nunca. No dudé nunca, eso es seguro. Y con el tiempo observé y comprobé en la práctica que esto funciona. Los medicamentos que hizo Steiner son increíbles. Te puedo asegurar que alguien que no consulta buscando la Antroposofía y los usa, les van a funcionar igual.
¿Vos pensás que la voluntad del médico que los da hace mucho al medicamento o el medicamento en sí, por su efecto propio, tiene efecto terapéutico?
Específicamente los hechos por Steiner en sí mismos, son efectivos. Pero uno no receta los cinco o seis de él, indica otras cosas. Y ahí tiene que haber un encuentro con lo que es el otro, verdaderamente. Y la voluntad de curar. Eso potencia cualquier tratamiento.
Marta, quizá para terminar, nosotros los médicos que acabamos de empezar con Antroposofía, los vemos a ustedes como grandes pilares. ¿Qué nos dirías?
Que estudien mucho. Eso es lo que yo veo, que estudien mucho desde el principio. En grupo. En grupos presenciales donde el encuentro es de alma a alma, donde se interacciona con el otro fuera de la virtualidad. Donde el encuentro es verdadero. Hagan grupos de lectura, de la literatura básica. Eso forma algo en el alma. Encuentros regulares, sostenidos, rítmicos. El encuentro en grupo y el conocimiento en grupo es esencial para que el crecimiento del Yo no se convierta en el crecimiento del Ego, y eso lleve al egoísmo, a la soberbia de conocimiento y a la división de los antroposóficos.
Doctora Marta Miguel.
Médica Antroposófica.
Entrevista Diego Silva.
Médico.
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