Burn out

REVISTA 3

Perla Kuj

Esta conferencia fue dictada en Buenos Aires en junio 2026 en la sede de la Sociedad Antroposófica Argentina, durante el Módulo de Medicina Escolar del Curso de Profundización en Medicina Antroposófica.

En nuestra labor estamos permanentemente en contacto con el conflicto o resolviendo situaciones traumáticas, desde las más simples a las más complejas.

Entonces me llamo a reflexionar en relación a ese encuentro y me surgen millones de preguntas.

¿Qué nos pasa cuando vemos al otro? Steiner dice algo que a mí siempre me interpelo en un lugar realmente profundo, es esta cuestión de la conciencia de la otredad, de la verdadera conciencia del otro. “El otro es un otro yo”


Entender que cuando yo miro a otro ser vivo, subyace un mundo invisible que es maravilloso, pero del cual a veces no tenemos conciencia.

¿Estoy pudiendo ver a otro de verdad? ¿O estoy viendo una cosa, un caso clínico, o escuchando para hacer un diagnóstico y encontrar rápidamente una terapéutica?

¿Estoy realmente presente con mi yo para encontrarme con esa otredad? Son preguntas que a mí me quedan resonando.

Y muchas veces me espantan mis propias respuestas.

¿Qué me pasa con mi potencia o impotencia terapéutica?

Los médicos creemos que curamos. ¿Curamos los médicos? O acompañamos un proceso de sanación. ¿Curamos los médicos? ¿O hacemos que el otro pueda hacer un trabajo de encontrarse con sus propias fuerzas?

Existen signos de alarma personal, que nos orientan a pensar en el burnout.

Y preguntarnos: ¿qué me pasa al terminar una consulta? ¿En qué me quedo pensando?

En el primer TTT, nos enseñaban la importancia de la conciencia imaginativa. La conciencia inspirativa, se decía, cuando termina la consulta, es interesante armar una imagen de lo que había sucedido, pensar en un paisaje, pensar en un clima. Armarnos un escenario en relación a esto. Y yo pensaba, qué hermoso todo, qué lindo, qué romántico. Pero si atendés un paciente atrás de otro sin parar, ese espacio realmente no existe. No porque no queramos que exista, sino porque no existe.

Si somos médicos que trabajamos con prepagas, te imponen tantos minutos para atender a cada paciente. ¿Dónde está el universo que construyo con crayones y acuarelas?

¿Qué nos pasa cuando empezamos a darnos cuenta que nos olvidamos que citamos un paciente? Que nos olvidamos de todo.

¿Qué nos pasa con el encuadre que tenemos como médicos? Frente a recibir a un otro, que sufre, que le pasan cosas.

¿Qué nos pasa a nosotros con todo esto? ¿Cuándo nos encontramos respondiendo mal a un paciente? Cuando sentimos internamente fastidio. ¿El otro se merece que uno lo atienda en ese lugar? ¿El otro se merece eso de nosotros?

Eso de verdad sucede. Y cuanto más cansados estamos, y cuanto más agotados estamos, más nos pasa.

Porque tenemos menor tolerancia, tenemos menor capacidad real de recuperar nuestra energía vital. Si lo traducimos, estamos hablando de un consumo exagerado de nuestro propio cuerpo etérico. Y nos quedamos flaquitos de felicidad.

Estos signos, hablan de que hay fatiga, ¿Pero de que tipo?

1-Fatiga por compasión: se trata de un profundo agotamiento físico, mental y emocional frente a la escucha permanente del dolor. Entonces doy demasiado de mí, esto afecta básicamente a mi cuerpo físico y a mi cuerpo etérico.

2-Fatiga por trauma vicario, es cuando uno está mucho tiempo escuchando acerca de trastornos muy graves, violaciones, abusos de todo tipo, te atraviesa eso que te están contando.

Entonces se produce un fraccionamiento del yo. Es como si uno viviera ese trauma. Frente al trauma, hay como una fractura del sujeto.

Aparece un suceso muy impactante a lo largo de mi vida y hay algo que se desdobla. Ese desdoblamiento, el psicoanálisis lo explica con la separación de la representación y el afecto y la antroposofía lo explica de una manera muchísimo más clara, el binomio superior y el binomio inferior, se separan frente a un episodio muy traumático.

Ese mecanismo lo hace el cuerpo, para poder sobrellevar esa situación. Es un mecanismo de defensa, la exposición crónica al dolor provoca en quienes acompañamos un desgaste que nos agota y puede producirnos mucha controversia por momentos.

Y aquí empieza la confusión. Empiezo a pensar que no me gusta más mi profesión. No disfruto más de esto que hago.

Y en verdad “no es no disfruto más” porque cuando vuelvo de las vacaciones estoy feliz de estar haciendo lo que hago.

¿Es entonces “no disfruto más lo que hago” o en verdad “estoy agotada”?

También puede surgir en nosotros la sensación de frustración frente al paciente ¿Como yo no lo pude curar?, ¿Cómo yo no lo pude salvar?, ¿Cómo se fue? No es más mi paciente, no me quiere. Nos ponemos con la exigencia de tener que tener siempre una respuesta.

Si detectamos algunos de estos signos de alarma, es aconsejable un cambio, lo mas pronto posible, y para eso les traigo estas sugerencias:

Hacer micro pausas. O sea, atender 2, 3 pacientes, descansar 20 minutos. Para que sea un descanso que verdaderamente me sirva, es muy bueno respirar, caminar. Salir del consultorio o ir a donde están las secretarias, conversar, eso ya te hace poner en otra lógica. Tal vez ahí sí conectar, con esto que pasó, agarrar lápices, marcadores, dibujar. A mí en lo personal dibujar es algo que me sirve mucho, me encanta dibujar y me permite tener mi energía mucho más presente, aunque parezca lo contrario.

La conciencia flotante, a mí en lo personal me funciona. Respirar. ¿Por qué el hecho de respirar? La respiración es casi lo único que te hace estar presente en tu corporalidad en ese momento preciso. Yo no puedo respirar ayer, no puedo respirar mañana, solo puedo respirar hoy. Y ni siquiera hoy, solo puedo respirar ahora.

Es ese único gesto que dice yo soy y yo estoy. Me hace estar presente en eso que estoy haciendo.

¿Por qué meditar? Porque meditar lo que hace es frenar el ruido mental. Un momento en el que el Yo realmente entra, son 10 minutos, no es que tengo que estar meditando 5 horas. Cuando yo realmente entro en ese ritmo de mi respiración, sobre todo en la respiración cuadrada, medito, retengo y exhalo, es esto, separar, separar, separar.

Y muy importante, ajustar el tiempo de las consultas.

¿Hasta qué momento yo tengo la capacidad de la escucha plena? Básicamente esto es un intento de ser honestos con nosotros mismos. ¿Cómo estamos haciendo las cosas? Y no es un juicio hacia nadie, ni siquiera me estoy juzgando a mí misma, pero sí un llamado a la reflexión. A veces con cosas muy pequeñitas podemos estar mucho más honestamente presentes en aquello que hacemos. Usando lo que tenemos dentro, no son cosas tan raras y que tenemos que ir a buscar.

Tomar en cuenta el número de casos muy graves que acompañamos. Porque hay un limite, en el plano de salud mental, yo no puedo atender a cinco pacientes que están totalmente brotados. Salvo que trabaje en una institución que lo contenga de alguna manera. Pero si no, yo no puedo atender a cinco pacientes que están en un brote psicótico en donde todo el tiempo tengo que estar asistiendo, porque no es posible. Seguramente terminás haciendo las cosas mal. Tener la honestidad de decir hasta acá es donde yo francamente estoy haciendo las cosas bien. De acá en adelante no estoy haciendo las cosas bien.

Otra cuestión que no tiene que ver con el acto médico propiamente dicho, pero que a veces nos excede es procrastinar. Las recetas, los informes, los formularios, los pedidos. Uno dice, bueno, después lo hago. Y después la cabeza explota. Doctora, no me mandó la receta hace 5 días. Pero vos no das más. Y el paciente no tiene la culpa de que vos no des más. Porque quiere su receta. Pero la realidad es que no das más.

También influye, muchas veces, la falta de límite. Y, pensémoslo, esto de: “llamame cuando necesites, llamame cuando quieras” Yo estoy todo el día, todos los días, a toda hora. ¿A quién le hace bien eso?

Para mí es generar otra dependencia. ¿Es una cuestión realmente de amor o es puro narcisismo?

Nosotros tenemos una profesión, el acto médico, desde mi humilde concepción, es un acto de servicio, y de un servicio en donde yo soy solamente un intermediario de todo un mundo invisible que es quien pone las fuerzas ahí. Yo pongo mi presencia, mi voluntad. ¿Soy consciente de que está Cristo ahí? Esas cosas me renuevan este deseo de estar en un consultorio, de estar en este camino. Pero, muchas veces pasa que no hay un límite entre lo privado y lo público. Y en ese caso, hay algo obsceno que se pone en juego. Porque tiene que haber un límite, tiene que haber un punto en donde yo diga acá se cierra el negocio y mañana lo abrimos nuevamente. Acá empieza mi vida privada y mi proceso de nutrición. 

Pues si yo no me nutro, si yo no me sano, si yo no regenero rítmicamente mis fuerzas vitales, no tengo una fuerza vital para compartir con el otro. Si yo no limpio mi mente realmente.

Yo creo que el amor hacia uno tendría que tener el mismo compromiso que el amor hacia el otro. Y ahí voy a tomar cuando Jesús dice ama a tu prójimo como a ti mismo. Es una de las frases predilectas mías. Es muy difícil poder amar a alguien como a mí, si yo no estoy teniendo ninguna conciencia del amor propio. No tengo ninguna conciencia del límite.

Hay un trabajo que propone la Antroposofía que a mí me parece hermoso, más bello, más evolutivo, más profundo y mucho más interesante.

Como primer paso: Intentar una mirada honesta o lo más honesta posible entre lo que es la biografía interior y la biografía exterior. El primer paso para poder hacer una transformación verdadera es ser honesto y darse cuenta, aunque duela. Como cada uno quiera, en la retrospectiva o en las acciones de la vida cotidiana, empezar a mirar, si coincide o no, lo que pienso con lo que hago, los puntos de coherencia y los puntos de total incoherencia.

Coincidencia entre el pensar, el sentir y el hacer, porque nosotros no decimos: “siento envidia, siento bronca que te fue bien”, siempre somos buenos, nos ponemos contentos. Ese punto, donde la biografía interna te dice una cosa y en la biografía externa, soy otra persona. 

Es importante entonces afinar nuestro instrumento, Micaela Glöecker transmitía que el instrumento suena verdadero cuando el pensar, el sentir y el hacer guardan coherencia.

La biografía externa es el relato de los acontecimientos que suceden, que actuamos día a día, que compartimos con los otros. Y la biografía interna, es ese momento en que vos estas ahí con vos mismo y sos honesto, te ves desnudo, ves la celulitis, pero también te ves la celulitis del alma porque la celulitis no está solo en el cuerpo, también está en el corazón, también está en donde uno siente. Entonces decir ¿Qué pasa con esa biografía interna? ¿Qué es vivir en verdad? Cuando yo hago el acto médico y digo: “¡llámame cuando quieras!, dependés de mí, no seas libre, no tengas autonomía, no aprendas vos mismo, siempre sé dependiente ¡nunca seas libre! Porque ese es el mensaje. Es difícil, ¿no? Ser libre, ser autónomo porque ¿Qué van a pensar de mí? ¿Qué van a querer de mí? y uno se pregunta: ¿Por qué enfermamos? Si son 20.000 los que viven adentro mío, no hay un punto de coherencia. Para empezar a construir un poquito de salud buscar la coherencia, ¿qué pienso de verdad?

Nadie es imprescindible en la vida de un paciente o en la vida del otro ¿Por qué tenemos tanta necesidad de ser tan imprescindibles para afuera?

Hay una parte de un poema de Christian Morgenstern que trae Micaela en este trabajo del médico, que dice: "Los que caminan hacia la verdad caminan solos, nadie puede ser compañero del viaje del otro, pero si muchos caminan hacia la verdad se encuentran en la verdad."

A mí eso me encantó, me vino una imagen Micaélica, nosotros estamos todos acá ¿Nos creemos que estamos por casualidad? ¿Creemos que casualmente nos venimos juntando tantos años, tantos momentos?, bueno les quiero decir que no, que nos elegimos en el cielo cuando estábamos ahí con nuestros maestros. En ese momento nos elegimos todos, por eso nos vemos y nos reconocemos con nuestras simpatías y con nuestras antipatías, pero nos elegimos porque nos queremos y porque sabemos que nuestros caminos están juntos. También por eso nuestros pacientes son nuestros pacientes, porque en la relación terapéutica hay una cuestión kármica que se juega, y poner eso en conciencia es una cuestión kármica. Entonces el paciente viene, se produce el encuentro y a veces se va porque ya está.

Cuando yo estudiaba con el Dr. Santillán y empecé a entender esto, vi que cuando uno está ahí en el medio del cielo y cuando hace el descenso por todas las siete esferas planetarias, uno tiene una bolsita, y adentro vas poniendo todo lo que necesitás y yo lo pensaba en términos de cartas, con cada persona que vos te juntás tenés una carta que venís a compartir, hay cartas que son muy largas y hay cartas que son más cortitas, entonces, una vez que está la carta leída ya está, ya nos encontramos, y otras duran y duran.

En el ejercicio de la libertad venimos con una misión, por y para algo y en ese encuentro es dónde se produce, pero no nos pertenecemos no nos adueñemos. Todos estamos caminando, pero hay algo del proceso que es personal hay algo del proceso que es en soledad, en ese silencio y en esa soledad individual. Como bien dice este poema, estamos todos en búsqueda de algo verdadero y probablemente cuando estemos ahí vamos a estar de vuelta todos juntos, pero el camino lo tenemos que hacer solos.

Micaela habla de los ejercicios que uno puede hacer con los cuatro cuerpos y como habitarlos. Por ejemplo, cuando uno va a atender un paciente, no es lo mismo recibir al paciente en un lugar feo, que recibirlo en un lugar lindo con rico olor con colores bonitos, ese es el cuerpo físico de la escena y también por uno mismo, porque volvemos a lo mismo ama a tu prójimo como a ti mismo.

El ritmo, cómo llego a ese lugar de la consulta, cuál es mi ritmo, dormí bien, dormí mal, comí bien, comí mal, me hidraté, somos seres que ya estamos en este cuerpo físico.

Y la percepción, ¿qué es percibir al otro? porque hay un montón de instancias en ese proceso perceptivo, lo primero que percibo es lo que veo, un cuerpo físico, un color de la piel, una cualidad general pero en realidad es una cosa mucho más profunda, es esa energía invisible que sucede cuando me encuentro con el otro, aquello que no se ve pero que está presente y descubrir la esencialidad espiritual en todo lo que está vivo, eso no se ve, eso se va a buscar, pero si yo estoy agotada, si yo estoy cansada si yo estoy impaciente, es muy difícil que me encuentre con eso.

Entonces seamos honestos, para que el acto médico-terapéutico sea un acto verdadero yo tengo que estar disponible, pero disponible de verdad y disponible con lo que la disponibilidad implica, con límites, con encuadres, con formas.

¿Qué me pasa cuando me encuentro con el otro?

Ojo con el prejuicio, porque para realmente percibir un otro, tengo que abrirme de mis propios juicios. ¿A qué le doy predominio cuando escucho? ¿Escucho todo lo malo? Porque entonces mi biografía va de hecho traumático en hecho traumático, entonces es lo único que registro. Esos pacientes en que siempre está la falta. Es decir, ¿y vos con qué contás para resolver todo eso que te fue mal? ¿dónde está lo que tenés? Yo puedo tener un relato de tragedia en tragedia, de sufrimiento en sufrimiento, o puedo tener un relato donde se concatenan todos los hechos de mi vida y es donde voy construyendo mi propia biografía, voy construyendo mi propio relato.

En el momento del encuentro con el otro, ¿De verdad estoy viendo a esa persona? ¿De verdad estoy percibiendo a esa persona? Porque si no ¿a quién medico? ¿Medico al otro o me estoy medicando a mí? La Antroposofía nos propone la posibilidad de la individualización en donde no le damos a todos los pacientes el mismo remedio, no se medica a la gripe, la tos, se medica a un proceso. Entender que todo es proceso, porque la vida es un proceso.

Venimos de un proceso del cielo y transitamos un proceso en la tierra. Todo es impermanente, porque venimos a eso.

Pero nadie piensa que cuando uno muere, nace. Porque cuando vos nacés, morís en el mundo espiritual y nacés a la materialidad densa de la tierra. Pero cuando vos te morís, morís a esa cara densa de la tierra y nacés al mundo espiritual.

O sea, todo el tiempo está este circuito permanente de nacer y morir. Entonces también esto, entender la vida como un proceso. El acto médico como un proceso.

El remedio como un proceso. Cuando estudiamos los dorones, ¿El dorón qué es? Es la imagen de salud para ese cuerpo, para ese órgano, para esas sustancias.

El acto médico es un acto de amor, es un acto de entrega. Pero primero yo no puedo entregar lo que no tengo. Segundo yo no puedo entregar desde el vacío.

Para poder entregar tengo que estar entero, tengo que estar vital. Porque si mis sentidos están cansados, no están cansados solo en mi cabeza, con mi cuerpo físico. Mis sentidos están intoxicados, contaminados. No perciben como es correcto percibir. Entonces el acto médico es un acto de amor, es un acto de libertad, es un acto de coraje. Y hay una frase, que dice: Con el amor nos unimos y con la libertad nos aislamos.

Y en esa unión, entre la unión y el aislamiento, está la biografía y en esa biografía está la verdad. O sea, nos unimos en donde nos unimos y hay un momento en donde tenemos que aislarnos, porque el proceso es personal.

¿Y dónde empieza a estar la verdad? Si yo pienso que hay un hilito que va cosiendo mi biografía externa con mi biografía interna, en esos lugares en donde el instrumento empieza a sonar afinado, está mi verdad. Está ese lugar en donde mi alma es verdadera, en donde yo estoy presente, en donde toda mi fuerza vital vuelve a estar ahí, porque yo estoy presente, porque deseo estar en ese lugar. Y ahí es donde se produce el acto de la verdad, y ahí es donde el amor es verdadero.

Y el amor a la verdad, no espera que me llame, que me diga, que me quiera, que no me quiera, porque no importa eso, porque no es especulación, porque no es retribución, porque no es dominación. Porque si bien el acto médico es asimétrico en un sentido, es muy simétrico en otro sentido, porque somos todos seres humanos que estamos en un proceso de vivir. Es asimétrico en el sentido que el médico tiene un saber. Pero el que nos trae la posibilidad, el que sabe lo que le pasa, es el paciente. Uno aprende a leer o tiene algunas herramientas de acercamiento a que esa dolencia o que ese mal se calme o se aclare. Pero hay un lugar en donde somos todos iguales, porque somos todas personas que estamos aprendiendo a vivir, que estamos queriendo purificar nuestra manera de amar en la tierra y nuestra manera de amarnos a nosotros.

Poder decir: Estoy muy cansado, me tengo que tomar un poquito de vacaciones porque no me estoy bancando mi trabajo. Y si no hacemos un buen diagnóstico de poder diferenciar dónde no me banco mi trabajo o dónde estoy agotado, probablemente el remedio que yo encuentre no va a ser el adecuado, porque el diagnóstico es incorrecto.

Porque si hago un mal diagnóstico de mi situación, todo el proceso va a estar equivocado.


Dra. Perla Kuj

Médica Integrativa con Orientación Antroposófica.

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