Acerca de los umbrales de la vida y la gracia de la existencia humana.
REVISTA 2
Alina Conti Wuilloud
“Inmortalidad
Innatalidad
Quien ambos comprende,
comprende la eternidad.” (1)
Rudolf Steiner
A los que hacemos cuidados paliativos nos gusta enfatizar que morir no es lo contrario de vivir, sino que es lo contrario de nacer. Con esto decimos que la vida está comprendida entre nacimiento y muerte, y que la dignidad no está dada por la cantidad de años que vivimos sino por cómo vivimos, aún en contextos de desafíos, enfermedad y dolor.
Rudolf Steiner nos dice que “del mismo modo como atravesamos el portal de la muerte y seguimos viviendo en el mundo espiritual otra vida asequible para la ciencia espiritual, del mismo modo antes de nacer o de ser concebidos, salimos de los mundos espirituales y bajamos a esta encarnación terrenal” (2). Esta idea nos lleva a concebir la vida del espíritu de manera más amplia; y nacimiento y muerte como umbrales entre los cuales transcurre la manifestación del espíritu encarnado.
Estos umbrales han sido para mí siempre sagrados y llenos de misterio. El sol en Cancer en casa 6 el día de mi nacimiento preanunciaba mi interés por los umbrales de la existencia, así como una inclinación hacia el cuido de la vida terrena y atravesando mi primer nodo lunar supe que quería ser médica. Durante mis estudios me interesé por el cuidado de la gestación y los recién nacidos, decidí hacer mi residencia en Pediatría donde también vivencié el misterio del último aliento. Mis pasos por la academia formal culminaron con un posgrado en cuidados paliativos.
Durante esos años mis lecturas buscaban profundizar en la trascendencia, la búsqueda de sentido y el concepto de inmortalidad, la reencarnación vino de la mano del budismo. Con el tiempo la lemniscata de la vida me llevó nuevamente a los recién nacidos, con yoga para embarazadas, Ayurveda y masajes Shantala y la apertura de un consultorio de pediatría con una mirada cálida y profunda para abrazar los primeros años de la vida. Así, cuando me encontraba en el bello idilio de Oriente, llegaron los desafíos y las preguntas sobre las dificultades en la encarnación y con esa búsqueda me acerqué a la Antroposofía. Y con ella llegó una nueva dimensión del karma.
Recuerdo que una de las primeras veces (de muchas) que me conmoví durante mi formación en Medicina ampliada por la Antroposofía fue al contactar con la idea de “favorecer el florecimiento del Amor en el mundo” y escribo con A mayúscula porque había en mí una intuición de algo profundamente verdadero y elevado en esa frase. “El amor es el sol moral del mundo” (3) se lee en la conferencia donde Steiner nos dice que “el interés por la evolución de la Tierra es el antecedente necesario del amor” (3) así cómo nos exhorta a los jóvenes médicos en sus meditaciones a guiarnos por “las exigencias y las necesidades del mundo, que primero hay que amar y con el que es preciso establecer una relación” (4).
El interés como pre-requisito del amor, la búsqueda del conocimiento no por la sabiduría ni el poder como fin sino por genuino deseo de vincularse con el mundo y así vivificar nuestros conocimientos médicos a través de la contemplación de la naturaleza y del ser humano.
Y entonces pienso en qué momentos he podido contemplar el amor más puro y desinteresado, en los que la entrega profunda, el olvido de sí, acrecientan también el coraje. Hace poco aprendí que en alemán hay una palabra para nombrar especialmente a las contracciones de parto. Esa palabra, “Wehmut”, se compone entre el “Weh”: dolor y el “Mut”: coraje, y es así como en el dar a luz a la vida en la tierra está presente esa inmensa entrega en el cuerpo, y aparece el amor ligado al dolor físico. Pero también dar a luz al mundo espiritual conlleva una enorme aceptación del destino, y sólo el amor más elevado puede abrazarlo con todo el dolor en el alma. De este amor también he sido testigo.
Busco la etimología de la palabra amor, y no me sorprende su raíz indoeuropea en el vocablo “amma” que hace referencia a la madre. Y pienso en la Madre Teresa, que dedicó su vida a dar dignidad, amor y ternura a los moribundos y en su dicho “He descubierto la paradoja de que amando hasta que me duela, dejo de sentir dolor, solo siento más amor”. Ella traía el ejemplo de Jesús en la cruz como muestra de amor en su sacrificio.
Steiner nos habla de cómo el Impulso de Cristo se derramó a la humanidad a través del Misterio del Gólgota en su plenitud completa y perfecta. Ese evento Divino, que ocurrió también en el mundo físico como contrapeso de los impulsos arhimanicos y luciféricos que necesariamente entraron al mundo para que el ser humano pueda alcanzar el bien; permitió que el ser humano sea testigo de la Obra de Dios. El hombre puede recibir ese impulso en sí mismo de forma gradual si se interesa por el sano y equilibrado desarrollo de sí mismo y de los asuntos de la humanidad: “Cuando, a través del amor, encontramos el camino a la sabiduría, la alcanzamos mediante el creciente dominio de nosotros mismos, mediante el amor desinteresado. Así, el ser humano se convierte en una persona libre.” (3)
En los portales de la vida humana fluye la posibilidad de este amor desinteresado; el cuidado del Ser que nace y tiene sus primeras experiencias en la vida terrena, así como el abrazo y sostén a quien se abre camino en el mundo espiritual, son tremendos momentos de presencia impregnados de profunda voluntad del alma humana por manifestar su destino.
Pero además de estos grandes umbrales entre la vida física y la espiritual, existe también la enfermedad como “imaginación física de la vida espiritual” (4). La compenetración de esta idea nos permite despertar fuerzas propias de sanación en el paciente. De esta manera existe la potencia de transformar el dolor y el padecimiento en experiencias plenas de sentido y oportunidades para el desarrollo. Steiner nos habla en su curso para jóvenes médicos sobre la verdadera aptitud moral médica, donde las enfermedades llegan a ser objeto de amor para el médico en el reconocimiento de su cualidad espiritual, y le permite desarrollar el coraje para sanar y la voluntad para con el karma. El deseo humano de ayudar otra vez es pre requisito; el interés por la naturaleza, el amor a otro ser humano y al mundo espiritual, a los enigmas de la existencia, a los regalos de la enfermedad y de la muerte que hacen posible el desarrollo del ser humano, como camino para el desplegar de nuestras competencias médicas y así poder despertar ese coraje para sanarse en nuestro paciente.
“Después de la muerte nos convertimos sucesivamente en habitantes de la Luna, de Venus, de Mercurio, del Sol, de Marte, de Júpiter y de Saturno. Luego empieza a contraerse nuestro ser agrandado hasta las dimensiones del Cosmos, para finalmente reencarnar, mediante la ayuda de una pareja de seres humanos, padre y madre, y reemprender en la Tierra el combate de la vida.” (5) Luego de leer esta cita, queda resonando en mi interior el desarrollo del amor en la Tierra, cómo comienza a ejercitarse en el encuentro de dos seres, y luego se amplía a la familia y cómo tiene la potencia de seguir creciendo. Y Cristo dijo “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”; así su amor compenetra el corazón de los hombres.
La cita sigue más adelante: “En el curso de sus vidas sucesivas ha pasado por distintas etapas: ha recorrido las edades que han precedido al cristianismo, se ha encarnado después de consumarse el Misterio del Gólgota, es decir después de que la Tierra recibiera esa nueva impulsión. Grabemos profundamente en nuestra alma el desenvolvimiento de esta evolución que parte de las esferas espirituales y desciende poco a poco hasta el punto más bajo de la curva, donde recibe el influjo del Misterio del Gólgota; veamos cómo a partir de ese momento se inicia una ascensión, que todavía no está más que en sus comienzos, pero que irá progresando a medida que los seres humanos vayan recibiendo más plenamente el Impulso Crístico.” Este ciclo de reencarnación implica hoy la ascensión de la evolución humana, ante tal misterio nos encontramos en cada pasaje de umbral.
A esto me refiero con la gracia de nuestra existencia, con esta gran implicancia evolutiva que da pleno sentido a nuestro transcurrir, y que despierta la responsabilidad por el desarrollo, por tomar la Ciencia Espiritual que nos abre el camino que hace posible ver “la perla” en las circunstancias difíciles y no sólo verla, sino amarla en la consciencia de que ese amor repara, pero no promete nada más para el devenir, en la consciencia de que ese amor es lo necesario. Y a la vez con la humildad del instante, de la entrega devota al presente y el asombro cada vez renovado de todas las posibilidades que la vida nos otorga, aún en el dolor, y el agradecimiento profundo a mi Ser Médico por ser testigo del amor que ilumina y nutre al mundo.
Alina Conti Wuilloud
Médica especialista en Pediatría con posgrado en Cuidados Paliativos y en Medicina Ayurveda.
Certificación en Medicina ampliada por la Antroposofía por AMAA y Sección Médica del Goetheanum. 2016 - 2022
Docente y Co – coordinadora del Curso de Medicina ampliada por la Antroposofía en Fundación Los Girasoles desde 2022.
Traductora y miembro del equipo organizador de TTT en Goetheanum 2024/2025 y Sudamérica 2026.
Miembro de la Sociedad Antroposófica Argentina.
Referencias
(1) Prefacio de “Innatalidad”- Peter Selg, Ed. Dorothea (extraído de la dedicatoria de un libro en 1914 por Rudolf Steiner)
(2) GA 297 Rudolf Steiner
(3) GA 143. “El amor y su significado en el mundo” Rudolf Steiner
(4) “Meditaciones sobre el arte de curar – Cursos de Navidad y de Pascua para médicos” – Rudolf Steiner, Ed. Antroposófica
(5) “La vida entre la muerte y el nuevo nacimiento” – Rudolf Steiner. Ed. Antroposófica
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